Donald Trump ¿Consecuencia o causa de la crisis?

Jueves, 9. Febrero 2017

La llegada de Trump al gobierno de la primera potencia económica mundial no significará el fin de la globalización. En todo caso, la ola proteccionista que sacude a Inglaterra, Estados Unidos y varios países de primera línea, como Francia, resultan de la crisis financiera iniciada en 2008, cuando los acuerdos de libre comercio iniciaron un proceso de repliegue. Por eso, la crisis se corresponde con un fenómeno actual de desglobalización y proteccionismo que, entre otros, encarna en occidente, aunque no exclusivamente. China, Corea y Japón también sufren una progresiva caída de sus exportaciones al tiempo que adoptan medidas proteccionistas en un intento por poner a salvo sus economías.
En tal sentido bien viene aclarar que la globalización se trató de un fenómeno de toda la economía, pero fundamentalmente del sector financiero por ser éste el más excedente, razón por la cual asistimos no a un proceso de capitalización de la economía en un sentido real, sino de un franco parasitismo.
Argentina es un buen ejemplo de este fenómeno. En los años 90 la expansión financiera se cobró las empresas del Estado vía privatizaciones, sin embargo las mismas no dieron lugar a un proceso de neo-formación de capital. De hecho, el grueso de los medios de producción existentes en el sector industrial (aún hoy) pertenecían a la década del 60-70, resultando por lo tanto obsoletos. Consecuentemente, el principal componente del PBI era el financiero, seguido por los servicios y por último el producto industrial. A renglón seguido la economía se reprimarizó, poniendo por delante las materias primas sin valor agregado por la industria, las cuales dieron lugar a un país rentista, esto es un país dependiente de la renta sojera y minera sin perspectivas de desarrollo por falta de inversiones; hecho más que evidente tanto durante la “década ganada” como a lo largo del actual gobierno, el cual prometió una ola inversionista pero, como se advierte, la misma nunca llegó, ni llegará.
Con sus lógicas variantes esta realidad se reprodujo en distintos países dependientes, siendo su centro gravitacional los Estados Unidos, donde se realizaba la verdadera timba financiera (Wall Street) a través de los denominados derivados financieros, es decir, apuestas e inversiones sobre posibles ganancias antes que sobre la producción manufacturera real, dando lugar a una burbuja financiera que alcanzó hacia 2008 (año del quiebre) la friolera de 683 billones de dólares (unas 12 veces el Producto Bruto Mundial).
Luego se vino la noche, cuando Barack Obama resolvió salvar a los bancos y compañías de seguros en lugar del pueblo y los trabajadores norteamericanos, y con ella la pesadilla de Trump. El verdadero Freddy Krueger o loco resentido de esta historia, deseoso de llevar a Estados Unidos nuevamente al podio a costa del pro-teccionismo, la misoginia, la homofobia, el racismo y el belicismo (hoy puesto de manifiesto nuevamente contra un Irán apadrinado nada menos que por China y Rusia).
¿Podrá el Estados Unidos de Trump resurgir como un Ave Fénix? ¿Podrá China ocupar su lugar en un escenario mundial ganado por la descapitalización y la depresión? ¿O estaremos los trabajadores y pueblos del mundo en la antesala de una nueva oleada revolucionaria?
Jorge Díaz

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Jueves, Febrero 9, 2017 - 21:15

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