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Panorama y porvenir
La inflación de enero y febrero consolidó una tendencia verificada desde mayo de 2025: asistimos a una etapa de sueldos estancados y crecimiento inflacionario que pronto llegará al año de vida. El número de 1,5% en junio de 2025 fue escalando hasta tocar la puerta del 3% a fin de año, cifra sostenida durante los primeros meses de 2026. Argentina está tercero en el ranking mundial de países con más inflación y el sendero de 3% a 0% no solamente suele ser el más difícil de transitar, sino que estamos yendo en el sentido inverso. Nota al pie: la contención de la inflación es el principal activo electoral y la base del apoyo social a Milei. Si ese proceso se revierte, ¿cuál es la razón para seguir bancando?
La inflación en ascenso se combina con la destrucción del salario. En el sector privado cayeron un 6% respecto a noviembre de 2023, pero la caída fue más pronunciada entre los jubilados (-24%) y empleados del sector público (-22%). Por su parte, el salario mínimo vital y móvil sigue la misma tendencia: una caída sostenida desde 2015 y potenciada a partir de 2023 hasta llegar actualmente a los peores niveles de 2001/’02. Según el MATE, solo en el ciclo Milei la destrucción de los salarios implicó una transferencia de ingresos desde los trabajadores, el Estado y las obras sociales sindicales hacia los empresarios que asciende a los USD 50.000 millones.
Eso se traduce en menos dinero en los bolsillos para comprar y “mover la economía”. Los rubros vinculados al consumo popular mostraron en dos años una caída importante: se desplomaron en 2024 (-16%) y apenas recuperaron en 2025 (aprox +2%). El consumo pudo mantener cierto nivel durante la era Milei gracias al endeudamiento de las familias, quienes ahora asisten a la incapacidad de cubrir sus deudas. En 2025 la morosidad se multiplicó por cuatro en préstamos personales (3,3% a 12%) y tarjetas de crédito (1,9% a 9,3%). El fenómeno es particularmente fuerte en el segmento de las billeteras virtuales (como MercadoPago), el mecanismo de endeudamiento más frecuente entre los sectores populares y también el más caro: allí, el 29% de los créditos no está siendo devuelto a término.
El retroceso salarial no responde únicamente al sesgo antiobrero del gobierno o a la codicia empresarial, sino que tiene asiento en una causa estructural: el deterioro de la actividad económica. La economía se mueve “a dos velocidades”, según se miren los sectores ganadores o perdedores del modelo, con el ligero detalle de que los perdedores incluyen a prácticamente toda la clase trabajadora. La industria, el comercio y la construcción se desplomaron, arrastrando consigo los puestos de trabajo, mientras que se consolidaron las actividades agropecuarias (+32%), los servicios financieros (+14%), energía y minería (9%).
El cambio en los ganadores está parcialmente determinado por el ordenamiento macroeconómico, el cual obedece fundamentalmente a la estrategia antiinflacionaria. El dólar está planchado debajo de $1.500 para alinear los precios locales con los internacionales y así frenar la escalada inflacionaria. Combinado con la desregulación y apertura económica, el dólar barato provoca un boom de bienes importados (particularmente de consumo final) con un enorme costo para toda la industria nacional. El superávit fiscal se sostiene sobre la paralización de la obra pública, una de las fuentes más importantes de la demanda en la construcción. Sumado al incremento de los costos medidos en dólares, el sector atraviesa uno de sus peores momentos. Finalmente, el control de la inflación mediante el pisado de los salarios impacta en el consumo popular y deteriora las actividades comerciales de consumo masivo. Nada sucede por casualidad.
La caída de la actividad económica trae aparejada la quiebra de establecimientos y la pérdida de puestos de trabajo Unas 22.000 empresas cerraron y 320.000 puestos formales de trabajo fueron destruidos en la era Milei. Todos los sectores de la economía mostraron una caída en el empleo, incluso los ganadores (-16.000 empleos). Entonces, el retroceso de los salarios es acompañado por una caída en la cantidad de asalariados, es decir, una pérdida por partida doble en la magnitud de la riqueza social que se apropian los trabajadores. La contrapartida es la creación de puestos informales, precarizados o cuentapropistas de ingresos menores, sin derechos y más vulnerables a los vaivenes económicos. Sale Fate, entra Uber.
¿Se sostiene?
¿Cuánto tiempo puede sostenerse este modelo insostenible? La respuesta obedece a múltiples factores: la paciencia social con el resultado del plan económico, el estado de movilización de los sectores opositores, la capacidad de endeudamiento del Estado y el sector privado, las decisiones geopolíticas de EEUU, el acompañamiento de los grandes empresarios, el ingreso de inversiones genuinas del exterior, etc. Son tantos y tan arbitraria su evolución que intentar una predicción sería más un acto de fe que un análisis empírico. No obstante, es posible ensayar algunas hipótesis en base a tendencias actuales.
La historia reciente muestra experiencias diferentes. El menemismo aguantó 10 años, reelección presidencial incluida; el macrismo chocó la nave en los primeros dos años de gobierno, sólo sostenido por el FMI. En sus términos, Milei atravesó con éxito su primer desafío: contuvo la inflación sin un quiebre del ciclo económico ni un estallido social, y ganó la elección legislativa de 2025. No obstante, la foto puede ser una y la película, otra.
Al respecto, un primer flanco débil es el financiamiento del esquema. Todo lo que vimos en los últimos dos años está sostenido por un ingreso artificial de dólares a gran escala, con el objetivo de cubrir “el bache” entre el ingreso neto de divisas comerciales (exportaciones menos importaciones) y su salida por vía financiera (fuga de capitales, pago de intereses), diferencia que asciende a los USD 20.000 millones. Frente a eso, en solamente dos años el gobierno recurrió a más de USD 40.000 millones obtenidos por medio de deuda pública, crédito al sector privado, blanqueo de capitales y asistencia financiera los EEUU. El endeudamiento es un recurso finito: no se puede vivir por siempre del dinero ajeno, especialmente cuando la capacidad de tomar nueva deuda está limitada por el sobreendeudamiento nacional, las reservas netas negativas del BCRA y la escasa capacidad de repago del país. Milei y Caputo gastaron en poco tiempo las opciones disponibles en materia de “puentes de dólares” para mantener a flote el esquema ante cada crisis de divisas: mega devaluación, blanqueo de capitales, crédito del FMI, rescate del Tesoro norteamericano y privatizaciones varias. En no pocas ocasiones el esquema estuvo a punto de saltar por los aires, la última vez en la víspera de las elecciones legislativas.
El asunto clave es el apetito de la gran burguesía por la fuga de capitales, es decir, por sacar al exterior las ganancias obtenidas en el circuito económico local, conducta verificada incluso en los mejores años del ciclo económico post 2001. Por esa razón Argentina es el segundo país del mundo con más dólares depositados o invertidos en el exterior (USD 430.000 millones), solo por detrás de Rusia. De ellos, unos USD 250.000 millones en billetes circulantes, la forma de ahorro preferida de individuos y familias post corralito, lo que nos convierte en el segundo país con mayor cantidad de dólares en papel. Esa fuga (privada) se financia con deuda (pública), es decir, el negocio de unos pocos lo paga el país entero.
Incluso con los incentivos ofrecidos al gran capital a través del RIGI, la desregulación financiera, la apertura comercial, la salida del cepo, etc., la fuga de capitales continúa su camino como si nada: en el ciclo Milei salieron del país unos USD 41.000 millones, sin contar los intereses de la deuda (otros USD 25.000 M). La gran burguesía no aprovecha los momentos de liberalización económica para traer sus inversiones del exterior, sino para acelerar la salida de su patrimonio al exterior. Con excepción de algunos nichos, la inversión privada se desploma a pesar de los enormes beneficios otorgados, reforma laboral y reducción impositiva incluidas. Esto obedece a la caída del consumo y la actividad económica, que caracterizan un ciclo económico donde el empresariado busca achicar y aguantar más que expandir y desarrollar. Nadie invierte en una economía que camina hacia el abismo.
Por otra parte, el modelo económico que Milei tiene en su cabeza va a contramano de las tendencias mundiales dominantes. Capitales y países viran hacia el aseguramiento de las cadenas globales de valor, el acaparamiento de mercados, la guerra comercial y de tarifas, la ruptura de la diplomacia y el derecho internacional y el crecimiento de los conflictos bélicos. Milei abre la economía cuando occidente se cierra ante la amenaza china, que no consiste en el comunismo sino en mercancías a bajo precio. Milei se alinea con EEUU cuando el imperio asiste a su decadencia y las llamadas “potencias emergentes” toman distancia, diversifican alianzas y construyen bloques alternativos. El mundo no está cambiando: ya cambió. Milei vive en 1990 y el mundo, en 2026.
En ese alineamiento con los EEUU, el sendero de la política económica y militar de Trump es un riesgo para el proyecto de Milei. Las prioridades del gobierno norteamericano varían de manera errática y el sostenimiento financiero de la Argentina puede quedar detrás de otras, como las elecciones de medio término en noviembre o la guerra con Irán.
Dos elementos clave
El incremento de la deuda pública se cocina lentamente desde hace 10 años, atravesando saltos cualitativos y períodos estables, hasta llegar a una deuda bruta total de USD 455.000 M en 2026. El futuro es complicado: a pesar de la mejora del riesgo país el mercado voluntario de crédito sigue cerrado para la Argentina, los conejos de la galera ya fueron utilizados por Caputo, la política de dólar barato empeora el déficit de la cuenta capital (el ingreso vs. egreso de divisas) y bloquea la acumulación de reservas, mientras que los vencimientos de deuda de 2026 y 2027 son desafiantes. Entrar en cesación de pagos de la deuda, tocar fondo en materia de reservas del BCRA o ser incapaces de sostener el dólar barato serían hitos devastadores para el modelo y, por ende, para el gobierno.
Por otra parte, el modelo de Milei se apoya en una reprimarización económica con centro en la explotación y exportación de recursos no renovables (petróleo y gas, minerales) y agropecuarios (soja), acompañada por la intermediación financiera, con una macroeconomía basada en el dólar barato y la apertura económica. Las actividades industriales, comerciales y de construcción fueron duramente golpeadas por medidas que constituyen el corazón de la política económica.
Los ganadores del modelo Milei emplean poca mano de obra y tienen escasos encadenamientos locales, a diferencia de los perdedores, que son históricos creadores de puestos de trabajo. Los despidos solamente fueron cubiertos parcialmente por la creación de empleos precarios. La reforma laboral no vino a crear puestos de trabajo sino abaratar el costo de la mano de obra: el empleo se crea solamente si la actividad económica crece, o al menos si esa perspectiva existe. Si el gobierno no tiene una solución para ese flanco débil del modelo, el crecimiento de la desocupación y la caída del consumo pueden tanto hundir la actividad económica como provocar un estallido social.
La salida de la crisis recaerá sobre las fuerzas vivas de la historia y el trabajo: hay que ponerlas en movimiento para el ejercicio del poder político y la forja de su propio destino.
David Paz
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