Tras la cumbre del G20 ¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?

Viernes, 14. Diciembre 2018
G20

El G20 fue creado hace veinte años para administrar la debacle asiática de 1997/98. Desde entonces y hasta el estallido de la crisis financiera de 2008 el mismo tuvo escasa significación práctica, siendo piloteado por funcionarios de segunda y tercera línea en materia financiera. Sin embargo, a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria de los Estados Unidos y su impacto global, su importancia fue en ascenso obligando a los principales gobernantes mundiales a reunirse regularmente para intentar establecer acuerdos apuntados a atenuar el impacto de la creciente liquidez financiera.

Uno de los esquemas empleados para tal fin fue el de la denominada ayuda financiera, como en el caso de Grecia; otro, forzar a los países dependientes a endeudarse imponiendo préstamos por encima de sus capacidades de devolución, siendo Argentina un buen ejemplo de ello, en especial a partir del nuevo desembarco del FMI.

Pero además, en los últimos 10 años, el G20 fue protagonista de una gran paradoja: la de reunir a los países más industrializados mientras estos experimentaban una caída de la actividad productiva, razón por la cual muchos de los Estados de primera línea, empezando por Inglaterra y Estados Unidos, pasaron de impulsar una economía globalizadora de puertas abiertas -tras la caída del Muro de Berlín- al mayor de los proteccionismos en un intento desesperado por salvar sus respectivas industrias. Así quedó en evidencia una crisis en la reproducción del capital provocada por el excedente financiero, es decir, por un tipo de capitalismo donde la inversión financiera resultaba más conveniente que la inversión productiva, un capitalismo donde el precio ficticio de las acciones excedía por lejos el valor real de las empresas, y donde las apuestas a futuro en Wall Street sobre los resultados financieros de las compañías se tornaron moneda corriente (la famosa timba financiera). 

Luego de experimentar una serie de estallidos bursátiles e inmobiliarios, y de tener que responder tanto la Reserva Federal como otros Bancos Centrales en el salvataje dada la insolvencia de las compañías de seguros y de los bancos que certificaban las distintas operaciones financieras, la crisis se trasladó al terreno de la política y de éste al de la confrontación militar. La misma tuvo su presagio en el pasado encuentro de la Organización Mundial de Comercio (OMC) realizado también en Buenos Aires. Allí Estados Unidos, tras alentar acuerdos comerciales bilaterales, se retiró dando un portazo al comercio multilateral, hecho que desató la guerra comercial que prologó y epilogó el presente encuentro del G20 en nuestro país.

Por eso, después de que se retiraran los mandatarios del G20 dejando un saldo para la Argentina de 3 mil millones de pesos en gastos, lo que costó la fiesta, el resultado prima facie tanto internacional como local evidenció un empeoramiento de la dura realidad antes que un flujo de inversiones tendientes a oxigenar y poner en marcha la actividad productiva.

En el plano internacional quedó evidenciado que el modelo neoliberal basado en el Consenso de Washington y la preponderancia de la OMC pasaron a la historia. El Brexit y el despertar de los nacionalismos con improntas fascistas y proteccionistas en Estados Unidos, Gran Bretaña, Hungría, Austria, Polonia y Brasil, marcaron un cambio de rumbo aparentemente definitivo.

Por eso, la agenda de mayor fricción estuvo centrada, primero, en la sustentabilidad climática habida cuenta del costo energético de las principales economías (Estados Unidos, China e India), basadas en gran medida en el empleo de combustibles fósiles emisores de gases con efecto invernadero; segundo, en el comercio mundial en un contexto de desglobalización y proteccionismo; y tercero, en el informe del Foro Global del Acero concerniente al exceso de la capacidad instalada en la industria del acero en Estados Unidos y Europa, en contraposición a la vertiginosa caída de los precios internacionales del producto (y también del aluminio) provocados por China, responsable, según el informe, de la sobreproducción y de subsidiar su exportación, hecho que detonó la aplicación de aranceles por parte de Estados Unidos y, subsiguientemente, la guerra comercial entre los principales actores. De ahí que el borrador de la declaración final, lejos de extenderse sobre una diversidad de asuntos, se plasmara en apenas tres páginas y, eso sí, unas 165 páginas de agregados efectuados por las distintas delegaciones, dando cuenta de la pequeñez de los acuerdos y de la enormidad de las diferencias.

Por eso, lejos de la zona de distensión (la Ciudad de Buenos Aires), hubo un G20 más genuino, atizado por la tendencia a la guerra generada por el atrincheramiento de los Estados Unidos, la militarización creciente de la política exterior y la erosión del multilateralismo. La misma no sólo se expresó y se expresa en focos “menores”, como Corea del Norte, Irán, Yemen, Birmania, Siria, el Congo, la zona del Sahel y Venezuela, sino en el choque entre los pesos pesados. Por caso, entre Estados Unidos y China, por la territorialidad nacional vs internacional del Mar de la China, o los Estados Unidos y Rusia a propósito de la circulación de barcos de bandera ucraniana por las aguas del mar de Azov y el estrecho de Kerch dentro del Mar Negro.

De puertas adentro las lágrimas emocionadas de Macri y los autoelogios tras el G20, poco y nada pudieron hacer por cambiar el curso de su política, con una inflación galopante, un 48% de los niños viviendo en la pobreza, una incesante ola de despidos y de protestas no solo de los gremios, sino, inclusive, de las PyMES y hasta la propia UIA. Cuestión a la que es necesario sumar el quiebre del frente interno evidenciado por las diferencias entre Carrió, Bullrich, Vidal, Stanley, etc., es decir, un verdadero caos interno desde el cual Macri deberá intentar un sincretismo imposible por intereses contrapuestos: el de la ayuda del FMI apadrinada por Trump y el de las inversiones en infraestructura y un swap de yuanes a las reservas, venidas de la mano de Xi Jinping.

Jorge Díaz

Publicado en: 
Viernes, Diciembre 14, 2018 - 00:15

Notas relacionadas

  • El Estado y los gobiernos son responsables
    El 3 de junio pasado dijimos Ni una Menos en todo el país, sumándose a este grito común otras 15 ciudades del mundo. Fue la tercera jornada masiva... Ver más

  • El crimen de Brian, el adolescente asesinado -supuestamente- por otro de 15 años en Flores en la víspera de Nochebuena, reavivó el debate por la baja de la edad de imputabilidad y el gobierno... Ver más

  • Fondos Buitres

    La historia del capitalismo no es reductible a la historia del dominio. Ésta tiene su complemento necesario en la historia del dominado, quien lo es en tanto y en cuanto elige serlo y no luchar... Ver más