Palestina: consecuencias tras el acuerdo EEUU - Irán

Lunes, 17. Agosto 2015

Del recientemente celebrado acuerdo nuclear entre las potencias, Irán ha resultado victoriosa ganando terreno en la zona y reacomodando su poderío político territorial. Venciendo en primer lugar la ejecución de un plan de ataques que lo obligara a desistir de cualquier tipo de material nuclear como exigía el gobierno israelí, luego sorteando el duro bloqueo de las potencias; en materia de acciones militares ha pergeñado la recuperación de territorios vecinos y bajo control de milicias shiíes en Irak, ha sostenido al gobierno Sirio tras los levantamientos de la guerra civil y de intervención que se abrió, aportando armamento y logística a las fuerzas conjuntas (en cooperación con los milicianos del Hezbollah libanés) y más recientemente sosteniendo las milicias rebeldes yemeníes. Las diferencias son notables en relación a la táctica a aplicar en la región entre los distintos actores del imperialismo: se ha consolidado una política de parte de EEUU y aliados europeos de propiciar acuerdos, intervenir limitadamente y de bajar las tensiones -avizorando que echar más nafta al fuego es ir a una colisión directa con los otros bloques comandados por China y Rusia- o a un caro e incierto negocio para sus ya de por sí diezmados intereses. Esto ha dejado en una situación complicada a sus otrora principales socios en la región, Turquía, Arabia Saudita e Israel, a quienes se les reprende y frena mientras se encuentra en Irán principalmente a un aliado para compensar y equilibrar el escenario en disputa.

De primaveras revolucionarias, contra-revoluciones y nuevas rebeliones

Desde el año 2011, frente a una ola de lucha de masas y las demandas de cambio democrático, las élites locales, atrincheradas en el centro de los aparatos estatales, respondieron con una combinación de represión estatal y la incitación al sectarismo étnico. La erosión de los cimientos de la sociedad por estos conflictos también creó las condiciones para el aumento del extremismo y los grupos religiosos que tratan de tomar el control aterrorizando a la población.
La dualidad manifiesta en estos procesos abiertos tras la irrupción de las masas y la respuesta reaccionaria de las clases dominantes y el imperialismo en toda la región, abre la posibilidad -a pesar de la disparidad de poder de fuego- de la consolidación de fuerzas patrióticas, democráticas y revolucionarias armadas que tercien en la puja por el control territorial y el poder estatal.
En Egipto, el todopoderoso aparato estatal se ha dispuesto hacia una guerra total contra la sociedad local, simbolizado por la imposición de la pena de muerte a cientos de manifestaciones en un solo juicio y por el asedio más inhumano a la franja de Gaza, generando a pesar del crudo fascismo imperante, un ámbito de resistencia popular organizada clandestinamente que de a poco va rompiendo ese cerco. Frente a la conversión del aparato del Estado en una máquina opresiva desnudada, muchos sectores de la población en los países árabes afectados ahora participan en experimentos heroicos de auto organización, de autonomía y auto-defensa. En Libia y Yemen diferentes milicias locales ahora tienen más poder que los ejércitos estatales. Siria e Irak están destrozados por la guerra civil; sin embargo frente al Estado Islámico -engendro pergeñado y sostenido por el propio imperialismo y al servicio especial del sionismo- surgen las experiencias exitosas de comunidades en armas como las kurdas.

Complicaciones para Israel, oportunidad para la resistencia y la rebelión popular

El sionismo, cual verdadero “tigre de papel” -quizá advirtiendo que su posición de fuerza, de gendarme en expansión por la región está en franca caída- ha conseguido mediante planes subalternos (recomponer formalmente la relación con el gobierno turco, creación y soporte al “Estado Islámico” y a los frentes islámicos que combaten a Assad, apoyo y cooperación con el reino jordano y la dirigencia saudí) mantener una política de cierta ofensiva en sus contornos, que en realidad habla más de sus debilidades que de sus fortalezas. Luego del sangriento asalto a la franja de Gaza, la posición de Israel no ha dejado de sumar complicaciones, entre las cuales no es menor la incidencia de 10 años de duros golpes desde la solidaridad mediante el BDS, que además de influir notablemente sobre la política y la economía directa, amenaza con corroer las bases de los propios acuerdos económicos con EEUU, algo que pondría casi en terapia intensiva a Tel Aviv.

Gaza: primer territorio libre de la futura Palestina

De la última y sangrienta incursión israelí en la franja de Gaza y sus consecuencias, se pueden extraer algunas conclusiones que confirman la decadencia política y militar del sionismo y los buenos vientos para la resistencia, la democracia y la liberación de los pueblos.
En primer lugar, a pesar de lo cruento y el alto costo pagado por la población en la franja, al no poder el sionismo imponer sus condiciones mediante la rendición u ocupación total, se ha tenido que retirar dejando a su sangriento paso la evidencia de su propia derrota táctica y política, alumbrando el camino de la victoria de la resistencia unificada gazatí compuesta por combatientes provenientes de distintas fuerzas, entre las que destaca las de Hamas, que ha demostrado ser la fuerza armada popular del único territorio libre palestino. Ésta vez no pudieron conquistarla, como lo hicieran en 1956 y en 1967. Cuando se retiraron de Gaza en 2005 fue sin acuerdo, después de que pagaran un alto precio con las dos intifadas palestinas. La resistencia es lo que mantiene a Gaza libre de la ocupación directa. Entonces, sin ocupar ni aniquilar, en la prueba de fuerzas el sionismo se vio nuevamente sorprendido por la resistencia -como le pasara con Hezbollah libanés en el 2006- con su manejo de la situación, su preparación técnica y su poder de combate. No es menor que las milicias pasaran del combate espontáneo, precario y con piedras a las formaciones de combate táctico, que peleó cuerpo a cuerpo e infringió numerosas bajas a un ejército profesionalizado y llegara al lanzamiento masivo de misiles desarrollados por ellos mismos.
Y en segundo lugar, el dantesco traspié en la franja abrió paso a una mayor crisis y aislamiento de la política impulsada por Israel. El asesinato de más de dos mil personas y la destrucción de casi medio millón de hogares e infraestructura básica -dirigida casi exclusivamente hacia civiles indefensos- han clarificado acerca de la justa calificación de las fuerzas israelíes ante el mundo como simple terrorismo, potenciando el papel de la solidaridad internacional, el boicot e incluso la brecha en las divisiones internas dentro de la propia población israelí, acrecentando la resistencia general en toda palestina y el aislamiento del régimen.

La resistencia, garante de la futura libertad palestina

Con estas incipientes pero importantes victorias populares y las complicaciones que el poder sionista tiene hacia adelante, la resistencia opera como garante de los próximos pasos. El contraste entre el modelo gazatí y el de Abbas en Cisjordania que insiste con ser la administración semi colonial del sionismo -cooperando con la seguridad conjunta con la represión israelí que siembra de muertos las calles y rutas en los territorios- es notable e impulsa a la rebelión a miles de pobladores, en su mayoría jóvenes, que sufren y repudian la cooperación criminal.
La reciente ofensiva de los colonos extremistas, sus nuevas ocupaciones y matanzas (la más reciente sobre una casa al sur de Nablús se cobró la vida de un bebé quemado vivo y la posterior muerte de su padre) no son más que la confirmación del grado de desesperación y descomposición en la que se sume el régimen sionista. La respuesta tardía de la “Autoridad Palestina” de la conformación de autodefensas para hacer frente a éstas agresiones fascistas es superada ante el llamado a la rebelión por parte de las fuerzas de la resistencia -dentro y fuera de la OLP- en un plan insurreccional que alcanza el boicot económico, la paralización de las actividades y la huelga de los miles de presos políticos palestinos.
Mientras tanto, todo opera en la misma dirección: la opresión consolida la lucha de todos los palestinos, incluso a los israelíes críticos que pelean por la paz, considerando a toda Palestina como un territorio ocupado, revitalizando el programa de acción común por un solo estado, popular, democrático y laico.
El requerimiento de nuevas intifadas es más que necesario. Primero para atraer y unir a toda la resistencia, especialmente a las fuerzas de la Organización para la Li­beración de Palestina y otra para expulsar al ejército israelí y los colonos fascistas.
Como símbolo de lo emergente y victorioso de las últimas contiendas, la población joven de Gaza entrena militarmente junto a las milicias, como clara señal de que no soportarán más bloqueo e indica la tendencia que se avecina; por la liberación de una Palestina que deberá sintonizar al menos con un mundo árabe no deteriorado por sangrientas guerras civiles y a cuyos pueblos, la heroica posición de las resistencias palestinas durante el asalto a Gaza les demostró que con la unidad popular en armas frente al enemigo, se puede ganar aún en durísimas condiciones.

Pascual Duarte

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Lunes, Agosto 17, 2015 - 16:15

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