Internacional - De la guerra a la recesión: la barbarie imperialista

Martes, 14. Junio 2022

Mientras el mundo sigue afectado por la pospandemia, la invasión de Rusia a Ucrania con sus consecuencias directas en la industria energética y en la producción de alimentos, viene a recrudecer una pauperización creciente en la vida de los trabajadores, golpeados por la inflación que ya se extiende por la mayor parte de los países. Ya son varias las opiniones mundiales que anticipan una hambruna en parte del planeta, lo cual llevará a un desmejoramiento general en las condiciones de vida de los pueblos. El Banco Mundial advierte que la pobreza alcanzará a 900 millones de personas y la indigencia a 260 millones.   

Según el FMI, más de la mitad de los países avanzados registran una inflación anual por encima del 5%. Al mes de marzo alcanzó 8,5% anual en EEUU, 7% en Inglaterra, y en Europa encabezada por Alemania ascendió a 7,5%. En tanto en Rusia bordeaba el 17%. En tal sentido las declaraciones de Macron en Marsella, advierten que en un año y medio habrá hambruna galopante en Medio Oriente y África como derivación de la guerra ruso-ucraniana.

Siendo Rusia la mayor productora (12 millones de barriles diarios) y exportadora (8,5 millones de barriles diarios) de productos energéticos, la reducción a partir de abril de 3 millones de barriles diarios de petróleo fue compensada en parte por el salto internacional del precio a U$S 120 el barril, producto del boicot aplicado por el mundo occidental. Se advierte desde la Agencia Internacional de Energía que se aproxima un nuevo sacudón que puede llevar el precio del barril a U$S 200/240.

De ser así, la tasa inflacionaria anual dará un salto y puede marcar el inicio de la recesión en los diversos países avanzados. Por otro lado, la directora del FMI Kristalina Georgieva señaló que la crisis de la economía mundial es de superior intensidad a la pandemia y a la guerra en Ucrania, y puede significar la ruptura de las cadenas globales de producción del capitalismo mundial. Se trata de un sistema de integración iniciado en el XXI, constituido hoy por 88.000 compañías globales con 600.000 filiales o asociadas. Dicha interconexión a partir de la tecnología de la información ha permitido igualar estándares de producción tecnología y productividad en muchas de ellas bajo la prevalencia de una moneda única como el dólar. La ruptura implicaría que desaparezca la cooperación, como se había anticipado en la guerra económica abierta por Trump con China oportunamente, y que hoy a partir de la guerra en Ucrania, ha puesto en una serie crisis al sistema capitalista en su última fase. 

La incertidumbre y las tensiones en el mundo han escalado. En la medida en que no se ponga término a la guerra o bien los resultados sean determinantes para uno u otro bando, no se puede descartar su desenlace en choques nucleares, de tal forma que las declaraciones en ese sentido tanto del lado de Rusia como del Reino Unido efectuadas oportunamente terminen siendo una realidad. Así el conflicto no se prolongue, las espadas fueron desenvainadas y la disputa pasó a ser lo central en este período. EEUU aumenta su agresividad en la medida también en que advierte declinar su hegemonía ante el crecimiento de China, en una Asia donde el dólar ya no determina como antaño.        

Según Mark Miller -jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas norteamericanas- la guerra ruso-ucraniana “adquirió características globales…puede durar muchos años…y amenaza no solo la estabilidad y paz europea, sino la global”. Destacó que EEUU “tiene 400.000 solados en guardia desplegados en 155 países, preparados para el combate” (Clarín, 17/04/22). Dispone en 2022 de un presupuesto de U$S 813.000 millones, el doble del total del resto del mundo sumados. Luego de la retirada presurosa de Afganistán, en agosto pasado, pretenden transformar en victoria el conflicto en Ucrania a través de la guerra de la información y el predominio de las imágenes. En el campo de batalla las cosas aparecen distintas, desniveladas por el control que las tropas rusas prácticamente han hecho de la franja que abarca Donbass, Mariupol y el Mar Negro. Más allá de las disidencias internas con algunos miembros europeos, en la OTAN predomina la hegemonía de EEUU. De tal forma que los países de la Eurozona han fortalecido mayormente sus presupuestos, sobresaliendo el caso de Alemania que destinó € 100.000 millones para gastos militares, pasando del 1,2% al 4% del PBI. 

Tal conflicto se ha transformado en la prioridad estratégica determinante para EEUU, y “será por muchos años”. Sucede cuando la tendencia en el mundo tiende a una transferencia del poder del Atlántico al Pacifico, o sea de Washington y el G7 hacia China-Asia. La disputa por la primacía con China se da sobre todo en el manejo de la tecnología que se deprende de la llamada Cuarta Revolución Industrial. Hacia el 2030 el 60% de la fuerza de trabajo industrial en China, siendo actualmente la primera potencia manufacturera del mundo, tendrá nivel universitario-terciario. Lo que está en juego de fondo es la transición hacia un nuevo orden mundial. 

En cuanto a la culminación de la guerra, Biden se manifiesta dispuesto a enfrentar a Rusia hasta derrotarla, para quitarle toda preponderancia sobre la provisión energética mundial, principalmente sobre Europa y miembros de la OTAN. La decisión de abastecer con un millón de barriles diarios de sus reservas estratégicas al mundo occidental camina en ese sentido. Más aún el pedido al Congreso para que aprueben un refuerzo presupuestario mayor de U$S 33.000 millones para blindar a Ucrania. Los límites mayores no solo dependen del conflicto en sí, también de los efectos de la inflación y el descontento social en sus propios territorios, como también la ruptura en la economía global capitalista en ciernes a un nuevo realineamiento en la disputa por la hegemonía. Esto sucede cuando Biden recoge una adhesión del 39% en su país, que pone en riesgo la pérdida de la mayoría en las dos cámaras en las próximas legislativas. También cuando los efectos del boicot y el embargo de la economía rusa registran, luego de una primera caída sobre todo con la retención de USD 300.000 millones de sus reservas por parte de la banca occidental, una recuperación del rublo al nivel que tenía antes de la invasión. Según el Instituto de Finanzas Internacionales el superávit de cuenta corriente de Rusia podría alcanzar U$S 250.000 millones, comparados con los U$S 120.000 millones del año pasado. Las medidas dispuestas como castigo, y las propias decisiones internas en Moscú, han producido un saldo positivo considerable en su balance comercial.

Recesión mundial en ciernes

La crisis energética y el control de las fuentes de los recursos existentes en el mundo (no abundantes, por cierto) estimula las fricciones intermonopólicas e interimperialistas, a la vez que la restricción en la provisión del gas ruso (40%) golpea gran parte de la infraestructura industrial europea con alta incidencia en el costo de vida y en lo que queda de estado de bienestar. Se anticipa con la caída de las bolsas, inflación en curso y decrecimiento general de la economía, la posibilidad de una recesión global. Manotazos como el de Inglaterra que aplica un impuesto extra de 25% sobre sus propias petroleras van en dicho sentido. Por otro lado, entra en cuestión el cumplimiento de los Acuerdos de Paris relacionados con el medio ambiente, lo cual ampliará los espacios de protesta. La misma Alemania encabeza dichos planteos y ha comenzado a desempolvar las minas de carbón (energía sucia) en función de paliar las dificultades generadas por las restricciones del gas siberiano. Se agregan las dificultades en el abastecimiento del trigo visto que tanto Rusia (1° del mundo) y Ucrania (3°) son fuertes productores. 

Bajo estas consideraciones se deben analizar los cambios, en todo sentido, que se trasladan también el mundo dependiente, en donde las economías primarizadas como la de Argentina, se benefician con los altos precios de los commodities de exportación (agrarios principalmente) y a su vez tienen una desventaja con relación a los productos importados (fertilizantes, autopartes, medicamentos) junto con los efectos de la inflación internacional. 

Las perspectivas en la región de gobiernos con mayor apoyo popular estimulan políticas más renegociadoras en las condiciones de dependencia, pero lejos de cualquier ruptura e incluso por debajo de aquel emblocamiento que se perfiló a inicios del siglo XXI encabezado por el chavismo. El retroceso de las derechas más ortodoxas han sido consecuencia del fracaso de las políticas aplicadas, pero fundamentalmente del encrespamiento de las luchas obreras y populares como en los casos de Chile, Colombia, Ecuador, Perú o Bolivia. Allí está el nudo a resolver para que los caminos hacia la revolución vayan en un sentido más lineal. Las condiciones objetivas empujan en tal sentido: hay que darle fuerza a la construcción de una subjetividad nueva, de la mano del impulso a la reconstrucción del movimiento antiimperialista y en particular de la unidad de los revolucionarios.

Andrés Zamponi  

Martes, Junio 14, 2022 - 00:15

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