El movimiento estudiantil frente a la crisis

Sábado, 16. Mayo 2020

La cuarentena puso sobre la mesa la precaria situación que hace años atraviesa la educación pública. A casi dos meses de la implementación de la modalidad virtual en todos los niveles de enseñanza, su aplicación merece un balance. Así también lo requiere la intervención del movimiento estudiantil en lo que va de la pandemia.

Si existían dudas sobre lo que implica la virtualidad en la enseñanza, hay varias cuestiones que han sido despejadas. En primer lugar, se ha dado lugar a una profundización de la precarización laboral para la docencia, cuya labor ha incrementado tanto en cantidad horaria como en el trabajo intelectual que requiere el traslado de los contenidos. Docentes con derechos laborales pisoteados y salarios golpeados por acuerdos paritarios de miseria, muchos de ellos firmados en medio de la cuarentena. La continuidad de estas medidas contrarias a los intereses de los trabajadores de la educación, dependerá en gran parte de la resistencia que se pueda sostener por abajo. Allí deberá estar presente la solidaridad estudiantil.

Mientras tanto, se vuelve difícil medir la efectividad de las clases y el Ministerio de Educación tampoco brinda mucha información al respecto. Lo que sí es visible, principalmente en nivel primario y secundario, es que los focos de necesidad están muy alejados de la preocupación por la clases. En la actual crisis económica, pensar que la mayoría de las familias cuentan con wifi y computadoras dista mucho de la realidad. Justamente, entre los estudiantes de esos niveles se concentran las cifras de pobreza más grandes: el 55.8% de niños y adolescente de nuestro país son pobres. Por eso la tarea central de las escuelas pasa por la entrega de alimentos. 

Casualmente sobre este punto se encuentran la mayor cantidad de denuncias. Primero porque en varias provincias recae sobre la docencia -que sigue acumulando tareas- el reparto y entrega de alimentos, muchas veces sin garantizarse los elementos de higiene y salubridad. En segundo lugar, porque los módulos alimentarios no alcanzan ni para una semana y no cuentan con los nutrientes que corresponden. Una dieta que solo contiene almidón, es mejor que la panza vacía, pero está lejos de ser saludable. En ese sentido, es importante recuperar las luchas por las viandas y raciones que en numerosas ocasiones han protagonizado estudiantes secundarios. 

Con distinta magnitud, esta situación se replica en la Educación Superior, tanto terciaria como universitaria. En estos niveles, la discusión al interior del movimiento estudiantil sobre las clases ha calado un poco más profundo. Si bien es válido el debate sobre la regularidad y modalidad de evaluación, el foco que se ha puesto desde muchas organizaciones estudiantiles es incorrecto y antipopular. En varios casos se desconoce que la virtualidad implica de hecho que quienes no cuenten con los recursos se queden afuera y también se pretende continuar sin importar la situación docente. Además se subestima la posibilidad de que muchas de las medidas extraordinarias por el Covid-19, terminen perdurando. Aquí no hay un debate sobre métodos “viejos” o “nuevos” de enseñanza, más bien se trata del avance sobre la organización de trabajadores y estudiantes, y en última instancia sobre la orientación de la educación en nuestro país.

La campaña para que se garanticen los datos móviles o becas de conexión no está mal, pero quedarse solo en eso es enfrascar al movimiento estudiantil, colocando como debate central si se pierde o no el cuatrimestre. En esa dirección apunta el reclamo de la FUA y la gran mayoría de las federaciones, que lejos de incitar la organización llaman a esperar el resultado de sus reuniones con el Ministerio.

Por contraste lo principal pasa por la situación que vive el movimiento estudiantil, como parte de la juventud. En ese sentido, se vuelve de primer orden la exigencia de que se ponga en marcha de manera inmediata, sin restricciones y con actualización de monto el programa PROGRESAR. También es fundamental incitar la solidaridad con cada uno de los reclamos populares, tanto de trabajadores ocupados como desocupados, poniendo el foco en la contradicción que existe entre el pago de la deuda y la concentración monopólica privada, con las necesidades populares. Esto último,  además de reflejarse en la conformación de brigadas solidarias, también debe estar en la participación y acompañamiento de las manifestaciones callejeras que vienen ganando terreno. 

La presión para que los lugares de estudio pongan a disposición todos sus recursos científicos y económicos, también tiene que estar presente. No se puede permitir que los edificios esten vacíos cuando podrían ser utilizados o que los comedores estén cerrados cuando el hambre se expande. En este sentido hay que apostar a la conformación de comités de crisis, o cualquier espacio de organización, en donde los trabajadores y estudiantes podamos participar y tomar decisiones. Su dirección tiene que ser distinta a las de los comités de crisis que hasta ahora existen en los lugares de estudio, dirigidas  y circunscriptas a los rectorados, que por el momento pivotean entre la creación de voluntariados en donde no se garantizan las condiciones mínimas de bioseguridad y la sobrecargo de las tareas de los trabajadores. La organización por abajo tiene que nutrirse de la convicción de la necesidad de poner la ciencia, la técnica y los recursos al servicio del pueblo.

En lo inmediato los esfuerzos tienen que estar puestos en sacar de la parálisis al movimiento estudiantil y generar experiencias que superen la mera denuncia. En el mes del aniversario del Cordobazo, retomar lo mejor de la unidad obrero-estudiantil y apostar a una intervención activa en la disputa por sobre quienes recae la crisis. En tiempos de coronavirus y de profundización del hambre, los sectores antiimperialistas del movimiento estudiantil tendremos que poner todos nuestros esfuerzos en convertir a cada uno de los lugares de estudio en un espacio de organización popular, incentivando una salida por abajo que empiece con el no pago de la deuda, la nacionalización de los recursos estratégicos y la banca, para cuidar la vida y salud de nuestro pueblo.

Martina Bas

Sábado, Mayo 16, 2020 - 19:45

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