Editorial - Intervenir en la crisis

Lunes, 11. Septiembre 2023

A semanas de las Paso del 13 de agosto, el desarrollo de la crisis va mostrando cómo va a ser la Argentina que se viene. Interpretar de manera correcta las tendencias en juego va a ser una de las claves para que el campo popular con los trabajadores a la cabeza irrumpa en la escena con un proyecto propio. 


Bronca y castigo, síntomas de crisis

Los resultados electorales arrojaron datos que grafican la magnitud de la crisis del régimen. 

La abstención ratificó la tendencia que se vio en las provincias. Se trata de una de las elecciones en donde menos personas participaron. Respecto de la Paso presidencial anterior (2019, triunfo del FdT) se registró una baja de casi 7 puntos: 69,6% de participación contra 76,4% de aquella vez. También aumentaron el voto en blanco y el voto nulo, que juntos alcanzaron un 6%. Alrededor de un tercio del padrón decidió no formar parte de estas elecciones. Siempre intervienen en esta conducta factores de lo más diversos, pero es inocultable que en gran medida la bronca eligió esta forma de expresión que manifiesta un rechazo al régimen de conjunto, focalizado en el acto puntual de la elección, pero rechazo al fin. No hay que olvidar lo que fue la semana previa a ese domingo, montada sobre la situación de crisis sostenida en el tiempo. Lo ocurrido tras la muerte de Morena, la nena víctima de robo en Lanús, fue una expresión en miniatura de ese rechazo al régimen. Distrito dirigido por JxC, sus funcionarios se desligaron insinuando una campaña en su contra y echando culpas sobre el gobierno provincial, cuyos referentes balbucearon incoherencias ante la falta de respuestas. Un gran ejemplo de una dirigencia alejada de un pueblo que eligió expresarse cascoteando a la comisaría del barrio, en un acto de lucidez que señaló correctamente a una parte de los responsables. Esos días incluyeron también la represión a los usuarios del tren en Constitución y la provocación policial que terminó en el asesinato de Facundo Molares. 

En cuanto a los candidatos principales, el tercer lugar del oficialismo ratificó su debilidad política, a pesar de lo cual todavía sigue en carrera. Curioso es el caso de JxC, en donde Patricia Bullrich ganó holgadamente su interna en base a interpretar correctamente que la moderación de Larreta era una carta perdedora para la situación actual. Sin embargo, la ex ministra de Macri quedó atrapada entre dos polos y con riesgo cierto de que su coalición se desarme antes de las generales. 

En el caso de Milei, su triunfo expresó masivamente el hartazgo con los responsables de la situación que se está viviendo. Salió primero con un armado nacional precario, lo que grafica la debilidad que atraviesan los grandes aparatos del régimen: que ahora salgan denuncias de que tanto oficialistas como opositores le facilitaron listas locales refuerza esta idea. Desde el punto de vista del voto, volvió a manifestarse la conducta de golpear al responsable con lo que hay a mano: que JxC no haya podido capitalizar ese descontento habla de que perdura en la memoria el desastre de su presidencia. Su voto no significa principalmente una derechización del electorado, aunque su salida venga por derecha: si lo más llamativo vienen siendo sus extravagancias del tipo “quemar el Banco Central” o “ministerios afuera”, ahora cobran más relieve las definiciones ideológicas del tipo “la justicia social es una aberración”. Prendió mucho su denuncia a “la casta”, que en general interpreta bien el ánimo de masas respecto de la dirigencia, pero que es unilateral. Pareciera que el problema son “los políticos” y no los monopolios locales y extranjeros, la gran banca, los formadores de precios, el FMI: es decir, no ataca al poder real. Y no es para menos, ya que además su crítica es hipócrita: representante de lo más concentrado del gran capital internacionalizado, su grupo de trabajo es un rejunte de menemistas, cavallistas y procesistas, comenzando por su candidata a vicepresidenta. Si algo le faltaba a este combo, ahí está su constante reivindicación de Macri.

Otro ataque al pueblo

Conocido el resultado electoral, la semana siguiente arrancó con un nuevo ataque a las condiciones de vida. La devaluación del dólar oficial fue del 20%, pero los precios subieron 30%, 50% y en algunos casos hasta 80%. No fue la respuesta de “los mercados” frente al resultado, sino la decisión de un gobierno que hace rato capituló ante un FMI que impone sus condiciones. El propio Fondo reconoció que la devaluación era inflacionaria, para luego reclamar más devaluación, más quita de subsidios y recortes en jubilaciones y salarios estatales. La inflación de agosto rondará un 14%. Frente a ello, las medidas anunciadas por el gobierno son una miseria, en el marco del desplante que hicieron varias empresas y 14 provincias respecto del bono. Los aumentos negociados a las apuradas -docentes y estatales, en torno al 15% respecto de febrero- van en la línea de ratificar que el salario vuelve a perder.

Dadas las presiones del FMI y la capacidad de daño de quienes suben precios y corren contra el peso, es esperable que la inflación se mantenga en dos dígitos de acá a octubre, y que luego venga otra devaluación brusca con sus consecuencias para los bolsillos populares. Así las cosas, al gobierno le va a ser difícil instalar el miedo a que gane la derecha. 

De saqueos y saqueadores

Los saqueos volvieron a ser noticia. Comenzaron en al menos cuatro provincias y se extendieron a las zonas norte y oeste del conurbano bonaerense. En un contexto de pauperización creciente, con el hambre pisando fuerte y sin perspectiva de soluciones en el corto plazo, un sector -donde se destacó la juventud empobrecida- recurrió a la respuesta más elemental: ir a tomar lo que no se tiene. Respuesta que también es precaria, ya que no reconoce blancos principales ni distingue enemigos: más allá de algún suceso en un Dia, siempre pierden comerciantes de barrio. La amplificación de denuncias del tipo “si tienen hambre por qué se llevan alcohol” busca instalar lo sucedido como un hecho delictivo y organizado. Sin dudas en movidas así el diablo siempre mete la cola, y varios actores secundarios aprovechan para saldar cuentas pendientes. Pero de ahí a las explicaciones que ensayaron oficialistas y opositores tirándose culpas hay un abismo. Más allá de quienes volvieron a la carga con la mano dura, toda la dirigencia quedó en falsa escuadra frente a una manifestación del caos propio de una crisis que no encuentra piso.

La crisis se manifiesta por abajo y por arriba. Si en la cena del mes pasado entre referentes de la UIA con el embajador Stanley se barajaba un balotage entre Massa y Larreta, ese escenario de transición moderada hoy es impensable. Milei pasó de la extravagancia a las chances certeras de encabezar el estado, con toda la desconfianza que ello supone en sectores del “círculo rojo”.

Las clases dominantes están en disputa por varias cuestiones clave de las medidas económicas por definir: pago de la deuda, Leliqs, tipo de cambio, nivel de apertura, obra pública, dolarización, relación con EEUU y China. En función de los trazos principales que defina el próximo gobierno se van a configurar ganadores y perdedores, en una disputa que va a tener a las condiciones de vida del pueblo como campo de batalla: el saqueo de todos los días del que poco se habla. Pero además del rumbo económico, pesa la incertidumbre por la capacidad política de ejecutar cualquier programa. Crisis de gobernabilidad, que le dicen.

Por el paro activo y piquetero

Los tres candidatos con chances comparten un eje en común: el acuerdo con el FMI es intocable. El ajuste actual es apenas la introducción del ajuste en toda la línea que vendrá. Gane quien gane, el Fondo ya ganó.

Fuera de ello, los visibles matices expresan principalmente intereses de distintas fracciones de las clases dominantes. Con las diferencias del caso, el próximo gobierno traerá más entrega y más transferencia de recursos en favor de sectores concentrados. Gane quien gane, pierde el pueblo.

En las elecciones hubo un inmenso porcentaje de la población que, por distintos medios, decidió rechazar a los dos grandes responsables de la crisis que vivimos, identificando la responsabilidad del FdT y de JxC. Convocar a ese sector del pueblo a votar al “mal menor” significaría un retroceso. Ratificamos nuestra táctica de voto bronca.

Pero con eso no alcanza. Sería un error subordinar la intervención actual al escenario electoral. Medido en política, hasta fines de octubre falta un abismo de tiempo, y ni hablar hasta el balotage de noviembre. En una situación en la que los grupos concentrados fuerzan la mano buscando su tajada, tiene que intervenir la clase trabajadora.

Lo viene haciendo en defensa de sus intereses inmediatos. Los metalúrgicos vienen de un plan de lucha con paros por una paritaria que Techint no reconoce. En Terrabusi, los obreros hicieron bloqueos en la planta de Pacheco por el reconocimiento de la suba del mínimo no imponible. En CABA, los portuarios de Terminal 5 se movilizaron al Ministerio de Trabajo contra la flaxibilización laboral. El Frente de Lucha piquetero llevó nuevamente el reclamo de los desocupados a Desarrollo Social, culminando en Plaza de Mayo con eje en la denuncia del acuerdo con el FMI. 

Esta movilización marcó un rumbo correcto: la intervención tiene que ser centralmente política. Hay que terminar con este saqueo y tomar medidas urgentes para sacar a los más pobres del hambre, garantizar el poder adquisitivo de salarios, jubilaciones y ayuda social, terminando con el flagelo del trabajo en negro, dar soluciones al problema explosivo de la vivienda, por mencionar lo principal. Estas medidas de emergencia solo se pueden materializar sobre la base de suspender los pagos al FMI, nacionalizar la banca, el comercio exterior y los recursos estratégicos. Este programa solo lo puede imponer un gobierno popular con los trabajadores al frente surgido de la rebelión popular. Esta perspectiva solo puede terciar en el escenario dándole forma al paro activo y piquetero. Esto es lo que hay que discutir -y llevar a la práctica- en todos los lugares de la lucha obrera y popular, para que un proyecto de los de abajo talle en la crisis y abra camino hacia un rumbo distinto, donde el bienestar y la soberanía sean los ejes principales.

Agustín Damaso

Lunes, Septiembre 11, 2023 - 20:30

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