Ecos de un diciembre caliente

Jueves, 8. Febrero 2018

Macri está enojado y tiene varias razones, pero hay una centralmente que lo desvela. Cambiemos no pudo festejar el triunfo electoral de octubre. El rechazo que se volcó en las plazas frente al saqueo que significó la ley previsional aprobada en diciembre, los sacó del eje y aún no se han recuperado. La caída de imagen presidencial, que algunas consultoras situaban en 13 puntos (de 52 a 39) no se ha revertido y constituyó la razón principal para desinstalar la reelección que inmediatamente echaron a rodar ese veintidós de octubre exultante. El problema se agudiza. Lo que no cierra y hace agua en sus distintas variables es el plan general. En ese marco, la gobernabilidad que parecía estar sellada post elecciones tras el acuerdo con gobernadores y el senado, voló por los aires y la realidad volvió a instalarse con toda crudeza. El ímpetu tras las urnas fue escoriado por el diciembre caliente de plazas y cacerolas donde no hubo delegación de representación sino ejercicio directo de la voluntad popular. La pretensión de complementar el debate parlamentario con un acto masivo en las puertas del congreso aquel 14 de diciembre se vio superado por la presión de masas sobre las vallas y el escenario de batalla que prosiguió ante la represión desatada. El lunes 18 ya nadie intentó intermediar y los hechos pusieron frente a frente, la plaza colmada de trabajadores con la tropa dispuesta a reprimir.
La aparición del tercer contendiente por fuera de la polarización política y sin los frenos habituales de la burocracia gremial, es el hecho nuevo de la política argentina. Hacia donde se orienta ese caudal creciente, ante cada rechazo que generan los efectos del ajuste y cuando aún faltan dos años, es una cuestión central que aflige al presidente y del cual también han tomado nota otras usinas del poder monopólico. Se abre un capítulo de mayor confrontación, donde la decisión presidencial de arremeter a fondo con las medidas ortodoxas que achican ingresos, aumentan tarifas y generan despidos con cierres de fuentes laborales, encuentra un amplio abanico de fuerzas que resisten en primera instancia, y abren también posibilidades ciertas de hacer retroceder a las mismas, en la medida que la decisión, junto a la unidad en la acción masiva contundente y organizada, vaya por objetivos similares a diciembre. El gobierno redobla la apuesta aprovechando el receso pero no logra recuperar la iniciativa.

Variables que no cierran

El “recalibramiento” de la pauta inflacionaria del 10 al 15% en el presupuesto 2018, ya quedó corta. La devaluación del dólar, luz, gas, transporte, peajes, combustibles, etc. se trasladan a precios automáticamente, y algunas proyecciones de consultoras ya ubican el índice anual en 19,6%. Por lo tanto pretender condicionar los aumentos salariales al techo de 15%, suena cuando no ridículo intencionadamente reaccionario, en la medida que se pretende, otra vez, que el salario sea la variable de ajuste. Por otro lado el déficit comercial cerró el año con un rojo histórico de U$S 8.471 millones, y se espera en este una cifra superior. Entre otras, porque la producción petrolera actual cayó por debajo de las cifras de 1980 y la cantidad de pozos en explotación durante 2017 fue 44,7% menor a 2015. Vaca Muerta apenas alcanza un 9% del total. Con lo cual las necesidades energéticas que garanticen el funcionamiento del aparato productivo serán mayores y suman al ya abultado déficit fiscal general. La política de endeudamiento permanente que aplica el gobierno (este año otros U$S 30.000 millones) está relacionada directamente con el ajuste, sobre todo con los despidos que se producen en el estado (INTI, Posadas, SENASA, Río Turbio, Fanazul, etc.), en la medida que los recursos del achique sobre los trabajadores en proporciones cada vez mayores van al pago de intereses de la deuda. En 2017 fueron $ 240.000 millones. Una transferencia directa de los que menos tienen a banqueros y centros financieros. Ecuación sin salida en los marcos del capitalismo monopólico, cuyas consecuencias llevan a un choque político social inevitable en los ardores de la lucha de clase actual.

El fiasco de los viajes presidenciales

Con el fracaso de su gira por el exterior, sellada por la negativa de Francia a cerrar el acuerdo preanunciado entre la Unión Europea y el Mercosur, el presidente argentino, cosechó, además del ridículo, consejos sobre cómo funciona el libre mercado en los países imperialistas. Exigen apertura en los países dependientes pero cierran con aranceles y subsidios la producción propia. Aún no está firme, pese a la resolución favorable de la OMC, la colocación definitiva del biodiesel nacional en aquellas latitudes. El mundo capitalista reunido en Davos, envuelto en su propia crisis, aplaude el discurso presidencial pero reflexiona sobre la estabilidad política y el decaimiento económico actual, de tal forma que las inversiones de riesgo no aparecen y apuestan sí, al negocio seguro de los préstamos financieros con sus lucrativos intereses. Luego de variadas giras en los centros mundiales dando fe de pertenencia incondicional al G20 y de abrir el mercado a la avalancha importadora, los esperados brotes verdes aún brillan por ausencia.

Sobre llovido mojado

Todo el decorado de la nueva política de transparencia y honradez, se derrumbó con el deschave de Jorge Triaca. La conjunción de maltrato, trabajo en negro, abuso de poder, uso indebido de fondos y privilegios impropios de un funcionario, pusieron al descubierto en la denuncia de la empleada Sandra Heredia, la verdadera catadura del gobierno que ha decidido salvar al ministro, pese a las evidencias ante millones, de los delitos cometidos. Por supuesto que no se trata de un error como intenta exculpar Marcos Peña, sino de un modus operandi de la política actual que abarca a muchos otros funcionarios como Aranguren, Etchevehere, y otros tantos CEOs educados en el manejo discrecional del poder para enriquecimiento propio o del grupo al que pertenecen.
Un duro golpe a la credibilidad de quienes votaron un cambio y hoy se encuentran con más de lo mismo, o aún mucho peor. En la orden presidencial de no soltarle la mano y asumir los costos pesan más las batallas que vienen alrededor de paritarias y reforma laboral, que el desagrado de la ciudadanía y hasta de su propio frente interno. El ministro corrupto aparece como interlocutor válido para negociar con los “gordos” y con otros colaboradores del aparato sindical. De alguna forma, el intento para mantener de su lado el peso de los aparatos (UOCRA, Comercio, Upcn, Transporte, etc.) para contener o desconocer las demandas frente a la posibilidad de un derrape mayor visto que, después de diciembre, los niveles de confrontación y la amplitud, sumó nuevos protagonistas.

No aclaren, que oscurecen

El decreto para que renuncien los parientes directos de funcionarios, además de las internas desatadas, puso al descubierto innumerables acomodos y el carácter utilitario que le dieron a la función pública desde el inicio. De igual forma el ajuste anunciado por el presidente en los ministerios cercano al 25% cuando ellos mismos arrancaron en 2015 sobredimensionando ministerios, direcciones y secretarías en un 27%. Dos anuncios desesperados para zafar de la condena social que sobrevino en el caso Triaca, pero que en lugar de disipar aumentaron las sospechas y la crisis abierta.
Con el Megadecreto que deroga 19 leyes y modifica 140 normas, el gobierno está considerando la posibilidad de avanzar en su tratamiento por partes previo acuerdo con sectores de la oposición, para encarrilar el funcionamiento parlamentario ausente hasta marzo, luego del cierre traumático del año. Mientras tanto busca aprobar en la bicameral el DNU con el que se pretende, entre otras, disponer de los Fondos de Garantía Sustentables (FGS) del Anses, declarar la embargabilidad comercial de los sueldos y otras tantas resoluciones que afectan derechos de los trabajadores y del país, incluso temas penales o tributarios, cuya modificación por decreto sería inconstitucional.

Sin tregua ni intermediarios, la confluencia esta en la calle

La caída de imagen empalma con una certeza cada vez mayor en el pueblo, que la situación económica hacia delante será peor. Innumerables conflictos, en pleno período estival, se desparraman por todo el país. Desde los ingenios azucareros en el norte hasta los yacimientos carboníferos en el sur. Las patronales especulan con la crisis para reducir costos, superexplotar y liberarse de comisiones internas o delegados concientes y combativos. Son razones políticas, económicas y en gran parte de los casos destrucción de fuerzas productivas capacitadas y eficientes con años de experiencia como en el INTI, SENASA, salud y educación, condenadas a desaparecer o ser absorbidas, en otras condiciones, por capitales privados. La lucha de los trabajadores está en pleno desarrollo y allí donde cierran fuentes laborales se pelea y las multisectoriales solidarias se expresan con verdaderas puebladas como en Azul, Río Turbio o en Salta-Jujuy con las marchas y cortes de los ingenios. Por otro lado, la lucha docente abierta al no inicio y estimulada por las continuas provocaciones del gobierno, empalma con otras protestas, bancarios, ATE, por aumentos salariales sin techos y con cláusulas gatillo. Un combo en el cual las organizaciones juveniles, sociales y piqueteras también van por lo suyo exigiendo trabajo genuino, oportunidades y proyectos productivos. En ese marco, la CGT cuyo pacto con el gobierno explotó en diciembre, se desgrana al influjo de las internas del PJ entre un sector abiertamente colaboracionista y otro que toma distancia negociando condiciones, ya sea en defensa propia o con la mira puesta en 2019. Si Macri hoy polariza con Moyano y saca los trapos sucios cuando ayer estuvieron juntos, tiene más que ver con su intento de recuperar imagen que con el prontuario del sindicalista. Internismo no resuelto, donde los intereses de clase o personales pesan más que lo doctrinario. Ninguno de estos sectores tiene algo que ver con los intereses de la clase obrera y su perspectiva revolucionaria y socialista. Ya fueron gobierno en sucesivas ocasiones y, entre otras, la precarización laboral sobre la que opera el macrismo, viene de ese cuño.
El escenario verdaderamente está en la calle y es allí donde debe madurar la confluencia y el programa con que se embandera la lucha. La virtud en diciembre estuvo justamente en la unidad de acción sobre las vallas, de distintas extracciones políticas y sindicales. La convocatoria de camioneros, el próximo 21, que ya sumó a las CTA y docentes con un programa antiajuste y rechazo a la reforma laboral, se inscribe en esos parámetros y por lo tanto seremos de la partida tratando de expresar desde un espacio unitario al tercer contendiente que tomó cuerpo en diciembre y hoy crece en búsqueda de referencias combativas y clasistas. Se impone un plan de lucha duradero y objetivos definidos.
Ni salarios misérrimos, ni despidos ni represión. Paro activo obrero y piquetero, para terminar con la política del ajuste y la entrega de los recursos de la nación.

Andrés Zamponi

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Jueves, Febrero 8, 2018 - 07:00

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