Córdoba I A la cabeza de la destrucción del empleo

Sábado, 13. Abril 2019

Los primeros meses del año ubican a Córdoba al tope de las estadísticas del desplome generalizado del empleo privado en el país. La cuna del triunfo macrista en 2015 y su ratificación en 2017, llega al 20° aniversario del “cordobesismo” (UPC de De la Sota y Schiaretti) con índices de desempleo y pobreza desastrosos para ambas gestiones.

Según el Indec y la Secretaría de Producción y Trabajo de la Nación, en el conglomerado urbano que comprende a Córdoba capital, junto con las ciudades que la rodean (Gran Córdoba), el empleo registrado local cayó un 4,1% respecto del año anterior (diciembre 2018 – diciembre 2017), superando ampliamente el 2,3% de promedio nacional, el 2,5% del Gran Buenos Aires y cuadruplicando la caída en una ciudad de dimensiones comparables como es el Gran Rosario (0,9%). 

A la cabeza de los despidos está el sector de comercio, con un 6,7% de baja, la construcción con el 4,7% y la industria manufacturera con el 3,6%. Estos números toman cuerpo en la cantidad de locales cerrados en la zona centro, en las obras paradas pese a la publicidad oficial hasta el hartazgo del avance de la circunvalación, y en los despidos y suspensiones por centenares en las plantas de Iveco-Fiat y Renault-Nissan de los últimos meses, aunque particularmente en los miles de puestos perdidos en los talleres metalúrgicos y metalmecánicos que proveen a las automotrices, en plena contracción productiva.

Pero el Indec no sólo contabiliza la caída de puestos laborales, sino que aglutina los distintos indicadores (desocupación -9,2%-, “ocupación demandante”-23%- y “subocupación demandante” -11,6%-) en lo que llama “insatisfacción laboral”. En este rubro, Córdoba también pica en punta. El 43,8% de la población económicamente activa está “insatisfecho” con su situación laboral. Si tenemos en cuenta que el 23% de quienes tienen trabajo están buscando un complemento para llegar a fin de mes, y que el 12,5% de la población económicamente activa ya está “sobreocupada”, esto es, trabaja más de 45 horas semanales, el resultado es que más de ocho por cada diez trabajadores ocupados en Córdoba están sobreocupados o buscan activamente estarlo, para poder cubrir sus gastos mensuales.

Ante este agravamiento de la desocupación, de la crisis laboral en general y del deterioro profundo de las condiciones materiales de vida de la gran mayoría de los trabajadores en la provincia, las centrales sindicales y la enorme mayoría de las conducciones gremiales hacen la plancha, dejando pasar cada uno de estos ataques sin ensayar ninguna respuesta a una política nacional abiertamente antiobrera y una gestión provincial que se limita a acompañar casi sin matices. Ni la CGT Regional Córdoba (“oficial” y recostada sobre el gobierno provincial), ni la CGT “Nacional y Popular” (presuntamente opositora y rebelde), han sido capaces de convocar un solo paro provincial frente a esta debacle laboral en la provincia. Unos comprometidos con la concreción de un sexto mandato consecutivo de la rebautizada Unión por Córdoba, otros prendiéndole velas al retorno de “la jefa” como recambio ordenado en la administración nacional. A esto se reducen las alternativas que la dirigencia sindical le propone al movimiento obrero cordobés frente a la crisis más aguda de los últimos años. En realidad, ambas se revelan como garantes de una “paz social” que tributa a la “gobernabilidad” necesaria para seguir aplicando los planes de ajuste vigentes, sin sobresaltos. A su vez, esta domesticación de las representaciones gremiales, hunde en la resignación a la base laburante, que es la que sufre las consecuencias. Todo lo contrario de lo que, hace 50 años, nos enseñó el movimiento obrero del Cordobazo, con el que se llenan la boca todos estos dirigentes. En este marco, una línea de unidad y rebeldía del movimiento obrero y popular, que tenga el centro de su accionar en las calles y retome los métodos de lucha históricos como las ocupaciones de todo establecimiento que despida o suspenda, los cortes de calles y rutas, en la perspectiva de un paro activo provincial, es una necesidad ineludible para ponerle freno a esta sangría y reeditar el rumbo marcado hace 50 años.

Leo Funes

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Sábado, Abril 13, 2019 - 00:15

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