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Por un #8M en lucha con paro y movilización

Arrancamos el año en las calles y ya nos preparamos para construir una inmensa jornada de lucha el próximo #8M, contra las reformas regresivas y el plan de ajuste y entrega del gobierno y el FMI.
En enero metimos primera con las asambleas para organizar la 2ª Marcha del Orgullo LGBTIQNB+ Antifascista, Antirracista y Antiimperialista, que se realizó el 7 de febrero en más de 26 ciudades del país. La convocatoria tuvo uno de sus puntos más fuertes en la CABA, con la marcha del Congreso a la Plaza de Mayo, de la que participamos alrededor de 200.000 personas. La movilización fue promovida por organizaciones del colectivo de la diversidad, en conjunto con espacios sindicales y organizaciones feministas, sociales y políticas. Si bien no pudimos acordar la realización de un acto central, el contexto político imprimió la consigna unitaria de la jornada: llamar a parar y movilizar contra la reforma laboral. Fuimos parte activa de la construcción de la movilización. Entre las consignas se incluyó también la pelea contra el ajuste, y entre otras, la denuncia por los incendios en la Patagonia, el repudio a ley de glaciares y a la baja de la edad de punibilidad. Destacamos el eje internacionalista de la marcha, sumando al antiimperialismo en su denominación y el grito de fuera yanquis de América Latina, tras la avanzada de Trump en Venezuela y la política lamebotas de Milei. El grito por una Palestina libre y contra el genocidio perpetrado por el Estado sionista de Israel, como ya viene sucediendo, también fue parte de la movilización.
Con este impulso y la tarea de reagrupar al movimiento de mujeres y diversidades continuamos el año siendo parte de las asambleas hacia el #8M, en el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras.
En CABA empezaron el viernes 13 de febrero, dos días después de que se votara la media sanción de la reforma laboral en el Senado. La asamblea fue convocada por el colectivo Ni un Menos y los espacios de género de las centrales sindicales y continuará durante los viernes de febrero. Estuvieron presentes también distintos espacios de trabajadoras en lucha como el Garrahan y organizaciones sociales, políticas y feministas de la izquierda y el peronismo que coordinamos el #7F.
La denuncia hacia el deterioro en nuestras condiciones de vida, los despidos y suspensiones, el pluriempleo y la imposibilidad de llegar a fin de mes, junto a la pelea contra la reforma esclavista fueron los ejes centrales, evidenciándose la necesidad de organizar un plan de lucha a fondo. Respecto a esto las CTA reconocieron la importancia de parar y movilizar; sin embargo, en sus intervenciones, se percibe cierta desconfianza hacia la lucha del movimiento de masas como eje para dar la pelea. Resta continuar el debate con estos espacios que están movilizados pujando para que la lucha avance. Con justeza, el repudio se lo llevó la cúpula de la CGT, que en una conducta repudiable, negoció con el gobierno y se negó a llamar al paro el 11/2. Fue el rechazo callejero el que permitió que el tema se instalara con mayor fuerza entre las y los trabajadores; y fue, en parte, de esa fuerza que se nutrió la asamblea, acordando convocar a movilizar el día que se trate la ley en diputados, llamando al paro, sosteniendo de nuestra parte, que sea activo y combativo.
Si bien la movilización del #8M dependerá de cómo se desarrolle la situación política; junto al ajuste y la entrega, el eje de la pelea contra la reforma laboral es lo que viene unificando al movimiento. Es que si bien la reforma afecta al conjunto de clase trabajadora, nos atraviesa el impacto diferencial en cuanto al carácter regresivo en materia de derechos, que tiene sobre las mujeres y diversidades. Muchas de nosotras estamos en los empleos más precarios, informales o peor pagos, en jornadas parciales o en sectores como servicios, comercio, salud y cuidados. Por eso, cuando una reforma facilita despidos, reduce indemnizaciones o flexibiliza condiciones laborales, el golpe nos pega más fuerte. Cuando se debilitan los convenios colectivos y la organización sindical, la brecha salarial se agranda. Los acuerdos colectivos muchas veces son una herramienta para frenar abusos y desigualdades. Si eso se debilita, quedamos más expuestas. A esto se suma que seguimos cargando con la mayor parte de las tareas de cuidado no remuneradas. Si se recortan licencias, se flexibilizan las jornadas sin límites claros y nos tienen laburando 12 horas o se reducen derechos vinculados a las licencias por maternidad, se nos hace todavía más difícil sostener el trabajo y nuestra vida cotidiana. Un tema de la reforma que despertó la alarma en varios sectores de laburantes por su bestialidad, es la reducción del salario durante la licencia por enfermedad o accidente no laboral, hasta un 75% o 50% según el caso, cuando la legislación actual paga el sueldo al 100%. Para dar un ejemplo: muchas de nosotras enfrentamos enfermedades graves como el cáncer de mama o de útero, que requieren meses de licencia, o sostenemos las licencias por enfermedad de hijos e hijas o familiares. Ya es duro lidiar con eso, pero el gobierno y las patronales quieren hacerlo todavía más terrible y explotador: convertir enfermarse en un castigo económico y aprovechar nuestra enfermedad para arrebatarnos gran parte de nuestro salario. La famosa “flexibilidad” casi siempre significa más presión para nosotras. En un contexto de mayor precarización, además, se vuelve más difícil denunciar situaciones de acoso sexual, maltrato o discriminación, porque el miedo a perder el empleo pesa. Por todo esto, una reforma laboral reaccionaria como esta no es neutra: es antiobrera, propatronal y profundiza desigualdades que ya existen. Por eso la pelea contra la reforma también es una pelea por nuestros derechos como mujeres trabajadoras en conjunto con toda la clase obrera tenga trabajo formal o informal. Esto a la par de continuar la pelea en defensa de nuestros derechos, contra la misoginia y el odio que promueve el gobierno.
Tenemos que alentar la mayor unidad en la lucha en las distintas asambleas que se vayan desplegando en el país. Allí donde sea posible, es importante promover previamente actividades conjuntas, como volanteadas o charlas, con las organizaciones que componen las asambleas o reuniones y estén dispuestas a la unidad de acción, así como poner en pie jornadas propias para debatir y organizarnos desde cada lugar de trabajo, barrio y estudio.
Para finalizar mencionamos los acuerdos a los que se arribaron en CABA: la jornada se realizará el lunes 9 de marzo, llamando al paro y la movilización de Congreso a Plaza de Mayo, con un acto y documento unificado de todas las organizaciones. Queda por delante el debate para que el paro sea real y no simbólico y que la jornada, enmarcada en un plano internacionalista, sea el escalón de un plan de lucha que ponga a la marea verde nuevamente en las calles. Continuaremos actualizando los debates y la construcción del #8M por nuestras redes sociales, FB: Mujer y Rebelión
Sigamos organizándonos para construir un movimiento de mujeres y diversidades que esté dispuesto a convertir la bronca en lucha y transitar el camino de la rebelión popular para derrotar a Milei y sacarnos de encima al FMI.
Julia Quinteros
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