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A 10 años del primer Ni una Menos - Por un nuevo impulso a la lucha

Desde hace diez años levantamos la consigna Ni una Menos, el grito colectivo que surgió en 2015 tras el femicidio de Chiara Páez, como forma de denuncia contra la violencia machista, cuya manifestación más extrema son los femicidios. Hoy, una década después, frente a las políticas de ajuste y el ataque a nuestros derechos impulsados por el gobierno, tenemos que volver a gritar con fuerza y con el mismo espíritu de unidad: “Ni una Menos: el Estado y los gobiernos son responsables” llenado las calles de todo el país. Milei se tienen que ir.
Con anterioridad al 2015, los femicidios eran presentados por los medios de comunicación como "crímenes pasionales", como si se tratara de arrebatos amorosos que, de forma inexplicable, terminaban en el asesinato de una mujer a manos de su pareja o ex pareja. Fue el movimiento feminista quien visibilizó que estos hechos no eran impulsos descontrolados ni casos aislados, sino la expresión más extrema de la violencia de género. Esto se tradujo en la incorporación de la figura de femicidio en el Código Penal en 2012, luego de años de debate. Sin embargo, no fue hasta 2015 que esta denuncia y la lucha contra los femicidios adquirieron un carácter verdaderamente masivo. El grito de Ni una Menos no solo se extendió por toda la Argentina, sino que también inspiró y movilizó luchas en otros países.
Dos años antes el femicidio de Ángeles Rawson en 2013, había tomado estado mediático y generado una importante conmoción social, situación similar a los femicidios de Lola Chomnalez, y Melina Romero en 2014. Ese año en el Encuentro de Salta, destacábamos el crecimiento de la irascibilidad social contra los femicidios y fue el de Chiara, el 10 de mayo de 2015 el que tuvo la particularidad de sacarla a la calle. Si bien el femicidio se cometió en Rufino, un pequeño pueblo al sur de Santa Fe, y era el décimo ocurrido en la provincia en lo que iba del año, tomó estado público por la acción de su familia y amistades que conmocionando a todo el pueblo se manifestaron denunciando la crueldad del asesinato, empalmado con el hartazgo que se estaba gestando.
A menos de un mes un grupo de periodistas convocó a la primera movilización con el lema Ni una Menos, siendo histórica por el nivel de participación: más de medio millón de personas salimos a las calles en 80 ciudades del país. En Buenos Aires más de 300 mil personas nos movilizamos frente al Congreso. Los números que empezaron a salir a la luz eran escalofriantes: en el país se cometía un femicidio cada 24hs. Estuvimos presentes junto a miles de mujeres que empezaron a reconocerse en un movimiento que no solo abrazaba el dolor generado por la violencia machista, sino que también llamaba a la lucha callejera para enfrentarla. Destacamos el accionar del pueblo de Rufino, para rescatar los puntos que muchas veces hacen avanzar los procesos de lucha. Para ese entonces aún gobernaba el kirchnerismo. Un año después en 2016, ya con Macri en la presidencia, el brutal femicidio de Lucia Pérez en Mar del Plata y la bronca que despertó, dio lugar a lo que se llamó el “Primer Paro de Mujeres”, empujando al alza al movimiento referenciándose como un espacio de lucha contra el gobierno.
Otros femicidios como el de Aracelli Fulles en 2017, en los que como en el caso de Lucía, las familias salieron a denunciar al Estado y los gobiernos, señalando la inoperancia o el encubrimiento por parte de la policía y del poder judicial, contribuyeron a abrir debates en asambleas masivas, sobre el carácter de clases de la lucha y las responsabilidades políticas implicadas, que muchas organizaciones ya veníamos dando y en el estábamos particularmente enfocadas discutiendo contra las ideas posmodernas que predominaban. Empezó a tomar más cuerpo la conjunción con el colectivo LGBTIQ+. Así, el movimiento de mujeres y diversidades fue creciendo no solo en masividad, composición y reconocimiento social, sino que también se configuró atravesado por una heterogeneidad de organizaciones políticas, que daban lugar a avances o retrocesos en los debates.
A pesar de las diferencias, se sostuvo un eje común: el esfuerzo por construir unidad para enfrentar al gobierno de Macri, que como organización siempre sostuvimos. Los debates permitieron que de exigir “Ni una Menos”, como la generalidad que logró convocar a miles, se logre visibilizar la responsabilidad estatal en los femicidios, poner en las calles masivamente la lucha por el aborto legal con miles de jóvenes siendo parte de la marea verde, hasta exigir, en 2018, que “la deuda era con nosotras y no con el FMI”, repudiando el fraudulento acuerdo del macrismo con el Fondo. Ese año el documento de la CABA, llevaba como principal consigna “Sin aborto legal no hay Ni una Menos. Contra el FMI, el ajuste y la deuda”, y con el mismo espíritu se formularon consignas en otras ciudades, sosteniendo nuevamente movilizaciones masivas.
De esta forma, el movimiento de mujeres y diversidades anclado en los sectores populares, supo tomar en sus manos las lucha contra el ajuste, denunciando que siendo las más pobres, precarizadas y desocupadas, somos las más afectadas en momentos de crisis, y que se necesita tener autonomía económica para salir del círculo de la violencia. Cobró mayor visibilización social cómo el peso de las tareas domésticas y de cuidado que históricamente recen sobre las mujeres influyen este punto. Al reclamo contra los femicidios, los travesticidios, los crímenes de odio y por el aumento del presupuesto destinado a políticas de prevención y asistencia ante la violencia de género y la legalización del aborto, se sumaron con fuerza otras demandas como el aumento de salarios, planes sociales y jubilaciones, el acceso a trabajo genuino y el derecho a una vivienda digna. Hubo Encuentros de Mujeres y Diversidades con picos de masividad y el debate, la militancia y la pela por nuestros derechos se hizo presente en los espacios de trabajo, escuelas y barrios.
En el año 2020, pandemia mediante, el gobierno del Frente de Todos logró institucionalizar la lucha de la mano del feminismo peronista y el movimiento perdió fuerza luego de ganar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Esto más allá del esfuerzo de muchas organizaciones que sostuvimos la pelea callejera contra el ajuste y la convalidación del acuerdo con el FMI, junto a la falta de presupuesto para el nuevo Ministerio de Mujeres Género y Diversidad, entre otros puntos, en los que advertíamos que, ante la desmovilización, la derecha se había dispuesto a avanzar poniéndonos como blanco. La impunidad llevó a que se conforme en esos años la Asamblea de Familiares Víctimas de Femicidios, recordando la lucha por justicia por Iara Ruedas y Cecilia Basaldua entre otras jóvenes asesinadas, y por el crimen de odio contra Tehuel. Familias con las que junto a otras organizaciones construimos jornadas del #3J en la Plaza de Mayo durante este período, mientras el gobierno hacia festivales. Particularmente en esta etapa debatiendo y dando pelea contra la opresión de género y la explotación de clase, conformamos los talleres de Juntas nos Hacemos Fuertes junto a las compañeras de la CUBa-MTR.
Hoy a 10 años del primer grito de Ni una Menos, aún con muchos debates y tareas inconclusas como movimiento en general, nos interesa rescatar su poder de convocatoria callejera y la unidad que supimos construir contra la derecha, los debates masivos por nuestros derechos volcados en enormes movilizaciones con consignas que, no solo destacaban la lucha contra la violencia machista, sino también contra el ajuste, el FMI y por mejorar nuestras condiciones materiales de vida.
Con el gobierno libertario haciendo daño a cada paso, tenemos que retomar ese camino, profundizando los debates con la perspectiva de que Milei se tiene que ir cuanto antes, además de construir la fuerza social capaz de imponer una salida popular a la crisis. Afilando su perfil rebelde tenemos que llevar esta discusión al movimiento de mujeres y diversidades para que tome cuerpo. Y esto es urgente. El año 2015 cerró con 286 femicidios. Durante estos años, las estadísticas y el carácter de los femicidios prácticamente no variaron: se comete uno entre un día o día y medio, la mayoría son ejecutados por parejas o ex parejas de las víctimas, en sus domicilios y en muchos casos hubo denuncias y el Estado no estuvo a la altura de las respuestas. En la actualidad hay un dato a tener en cuenta: se está empezando a observar un crecimiento en las estadísticas. El año pasado se contabilizaron 300 femicidios y en lo que va de este 102 y se duplicaron los intentos. Motosierra mediante, tras el cierre y los recortes de presupuesto en áreas de género y diversidad, los discursos de odio y el ataque a nuestros derechos de la LLA, ciento de mujeres están en riesgo de vida y escasean los recursos para evitarlo, riesgo al que también está expuesto el colectivo de la diversidad, a un año de la exigencia de justicia por el del triple lesbicidio en el barrio de Barracas en la CABA. El ajuste que golpea de conjunto al pueblo trabajador, esta particularmente destrozándonos el bolsillo y el nuevo acuerdo con el FMI, solo va a empeorar la situación, con reformas laborales y jubilatorias regresivas que profundizarán la histórica precarización que arrastramos. Arrancamos el año con la enorme movilización del #1F, seguida por la del 8 de Marzo. Pero se impuso la dispersión al intento a la unidad y esto solo nos perjudica.
Tenemos que impulsar asambleas que construyan un #3J, que con consignas claras contra Milei, levante otra vez al movimiento de mujeres y diversidades y en unidad salga a luchar junto a otros sectores sumando su fuerza para derrotar en las calles a este gobierno reaccionario. Vamos por realizar talleres y actividades previas para seguir impulsando la construcción de un movimiento de mujeres y diversidades combativo que esté dispuesto a dar esta pelea.
Julia Quinteros
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