Entre las continuidades y algunos cambios

Martes, 14. Marzo 2017

Desde antes de asumir, el presidente Donald Trump ha colisionado con varios grupos de poder, incluidos muchos de peso significativo para la sociedad norteamericana. El solo hecho de haber llegado a la presidencia contra todos los pronósticos, como por la banquina, sin el favor de los principales formadores de opinión, y hasta con la oposición de buena parte de su propia fuerza política, habla de una situación poco convencional en la “democracia” occidental más importante, producto del desconcierto en el seno de las clases dominantes, respecto del rumbo a tomar para salir de la crisis en que se encuentra la principal potencia imperialista del mundo.

Buscando calmar los ánimos en la élite financiera, el nuevo gobierno redujo los impuestos al sector y dio de baja la Ley Dodd-Frank, establecida por el gobierno de Obama luego del estallido de la crisis de 2008, como una forma de control sobre los capitales financieros. Así, en tres meses, el valor de las acciones en bolsa y de los bancos subió un 16%, y se espera la disminución de los impuestos corporativos de 35% a 15% de las utilidades netas que, de efectivizarse, el sistema bancario norteamericano se ‘ahorraría ’ 12 mil millones de dólares al año y sus ganancias ascenderían en un 14 por ciento, según datos de Bloomberg.
Con los beneficios asegurados para lo más concentrado de las finanzas, la urgencia pasa por reactivar el aparato productivo, que pasa por un período crítico. Si bien algunos datos económicos indican un crecimiento del empleo y del salario, con una creación de 235.000 empleos no agrícolas en los últimos dos meses, una caída de la tasa de desempleo por debajo del 4,7%., y un crecimiento del salario en el sector privado del 2,8%[1], el problema es que el sector que domina la economía estadounidense y el único que puede generar empleos en cantidades importantes es el sector servicios, mientras el estancamiento de la industria sigue siendo un dolor de cabeza para la nueva administración. En su primer discurso público, el director del recién creado Consejo Nacional de Comercio, Peter Navarro, sostuvo que “…si EEUU se propone aumentar su tasa de creación de empleos y mostrar un aumento de los niveles de ingreso, y rejuvenecer los alguna vez vibrantes centros industriales de Ohio, Michigan, Carolina del Norte y Pensilvania, debemos centrarnos en mejorar y ampliar nuestra base industrial”. Al seguir sin señales claras de reactivación, las amenazas a las automotrices para que repatríen sus plantas localizadas en México, la vuelta atrás con el Acuerdo Transpacífico y las chances de que se siga el mismo rumbo con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (con Canadá y México), no hacen más que sumar incertidumbre al futuro inmediato de la economía yanqui.
Esta falta de certezas, se hace sentir en la arena política. Los focos de resistencia se han multiplicado desde la asunción, y las respuestas del ejecutivo no se han hecho esperar. Frente a los obstáculos planteados por la justicia para algunas disposiciones del gobierno en torno a la inmigración, Trump tomó la decisión de dar de baja en sus funciones a 46 fiscales designados por la gestión de Obama. Asimismo, suple la escasez de fuerza propia en el congreso, y las trabas que plantea la oposición a algunos nombramientos, con “órdenes ejecutivas”, lo que aquí conocemos como decretazo. Con menos éxito, ha intentado contestar a las movilizaciones callejeras promovidas por ONG’s vinculadas a la administración anterior, con movilizaciones de apoyo de dimensiones inconmensurablemente menores.
En la política exterior, tampoco hay una orientación clara. Respecto a China, por un lado dio de baja el Acuerdo Transpacífico que había sido concebido para cercar a la potencia asiática. Al mismo tiempo inició conversaciones acerca de una posible adhesión estadounidense al AIIB (Banco Asiático de Inversión en Infraestructura) lo cual, en caso de concretarse, implicaría cooperar directamente con China, entre otras implicancias geopolíticas. Simultáneamente, Trump nombró a Stephen Schwarzman (funcionario de Blackstone, empresa con gran participación accionaria de grupos chinos), un amigo personal de Xi Jinping al frente del Foro Estratégico y Político, nuevo órgano consultivo a cargo de proponer políticas comerciales al ejecutivo estadounidense. Sin embargo, la creciente presencia militar y presión política en torno a la península coreana y al mar del sur de la China, contrastan con estas perspectivas, dejando abierto el futuro de las relaciones bilaterales.
Por el lado de la Federación Rusa, es casi un hecho que antes de julio se realizará en Moscú la primera reunión entre Putin y Trump. La situación en Siria e Irak promete ser el centro del temario, aunque la reactivación de las hostilidades de Ucrania sobre el Donbass seguramente tendrán un lugar, lo mismo que las inversiones estadounidenses en la explotación petrolera en el ártico ruso, junto con la posibilidad del levantamiento paulatino de las sanciones comerciales que pesan sobre Rusia, como herencia de la administración Obama.
Aun despejando la espuma mediática que se ha generado en torno a lo esperable con Trump al frente de los EEUU, lo cierto es que prevalecen las incertidumbres respecto al resultado de una pulseada en curso entre fracciones de una gran burguesía que no admite la posibilidad de quedar relegada globalmente a un lugar que no sea el de rectora indiscutida del rumbo de la economía mundial, y que no tiene una idea unificada de cómo mantenerse en ese lugar de privilegio al que estaba acostumbrada.

Leo Funes

Notas
Los planes del hombre “más peligroso” para la “economía mundial, 12/03/2017 | https://mundo.sputniknews.com

Publicado en: 
Martes, Marzo 14, 2017 - 18:30

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