El imperialismo se pudre por la cabeza

Miércoles, 17. Junio 2020

La proliferación de protestas callejeras que ha conmovido a los EEUU tuvo como detonante el asesinato policial de un joven afroamericano en Minneapolis, pero derivó en un estallido social en plena cuarentena, que delata una crisis social de enormes proporciones y acelera una crisis política que todavía no tiene techo. Las movilizaciones derivaron rápidamente en tomas y quemas de comisarías y patrulleros, saqueos de grandes locales comerciales y toda forma de expresión de una justa ira popular en un contexto en extremo opresivo.

Los intentos por contener esta rebelión con más represión fueron un baldazo de nafta en la hoguera. A pesar de la enorme capacidad represiva de las fuerzas de seguridad, la rebelión se expandió y amplió su base social. A las provocaciones públicas de Trump, amenazando con meter plomo a los manifestantes y declarando organización terrorista a los movimientos antifascistas, la población de Washington le respondió incendiando los alrededores de la Casa Blanca y forzando a la guardia presidencial a esconder a Trump en un bunker secreto por temor a ser desbordados por la movilización. La imagen -nunca divulgada- del gringo matón escondiéndose bajo tierra para refugiarse de la furia de su pueblo, actualiza la idea del “tigre de papel” con que Mao graficaba al imperialismo.

No es novedad que la población negra en EEUU es una de las más oprimidas históricamente. Hasta bien entrada la década del 60 del siglo XX los afroamericanos seguían sin tener acceso a los derechos civiles básicos. Tampoco es novedoso que, aún con igualdad formal ante la ley, las desigualdades reales son abrumadoras. Estadísticamente un afroamericano tiene 4 veces más posibilidades de ser muerto por gatillo fácil que un “blanco”. En los hechos, un “blanco” percibe un salario 26,5% más alto que un afroamericano, y un tercio de la población negra está por debajo de la línea de pobreza. La población latina vive una realidad similar. Si a esto le sumamos que fruto de la actual crisis se han perdido al menos 40 millones de puestos de trabajo en EEUU, la situación social entre la población negra, así como entre los latinos, es desesperante. En este marco y en plena pandemia, son estas “minorías sociales” las que, proporcionalmente, están cargando con la mayor cantidad de muertos debido a no contar con seguro médico. Sin embargo, el estallido social que se desencadenó frente a este asesinato no es lo habitual. Las razones están en el contexto social que rodea al crimen de Floyd. El colapso económico está dejando a decenas de millones de personas sin empleo, las desigualdades y los sufrimientos de las masas trabajadoras se potencian, y la crisis sienta las bases de una ruptura en la típica apatía frente a injusticias cotidianas. Esta ruptura se está dando por millones en todo el país.

La principal potencia imperialista a nivel mundial está sumida en una crisis que no registra precedentes. Una parálisis económica, pese a la débil cuarentena aplicada, que está dejando una desocupación récord en su historia. Niveles de pobreza y miseria que vuelven comunes las imágenes de millones de personas alimentándose por la asistencia social de emergencia. Un colapso del sistema sanitario que se refleja en más de 100.000 muertos a la fecha. 

Una de las primeras consecuencias del estallido son las grietas políticas dentro de las Fuerzas Armadas y las agencias de inteligencia en torno a la represión de la protesta social ordenada por Trump. Mientras el presidente reclamaba a los gobernadores que “aplastaran” las movilizaciones, amenazando con sacar las fuerzas armadas a la calle, el secretario de Defensa Mark Esper afirmó que el Pentágono no está dispuesto a invocar la “Ley de insurrección” que faculta al presidente para para hacer uso de la fuerza militar para “intervenir en desórdenes civiles”. Inmediatamente, el secretario obtuvo el respaldo de la plana mayor militar. Acto seguido, su antecesor en el cargo durante la misma gestión de Trump, John Mattis, sostuvo que la orden de Trump es una “amenaza a la Constitución” y calificó las directivas como filo-nazis. La desobediencia de las Fuerzas Armadas, sumado al creciente distanciamiento de sectores de peso en el propio partido republicano, han agravado el aislamiento político del presidente, a cinco meses de las elecciones que definen su eventual reelección o un pase de mando que se efectivizaría en enero de 2021. Son 5/7 meses inusualmente cargados con la desastrosa gestión de la pandemia, una economía shockeada, decenas de millones de desocupados, una guerra económica abierta con China y un pueblo que ocupa las calles. Demasiado tiempo para tanta inestabilidad política.

La irrupción rebelde de los oprimidos tiene la virtud de desnudar la putrefacción de un régimen saturado de contradicciones en su interior. El reino de la libertad, la tierra de las oportunidades, la democracia modelo, nunca han quedado tan expuestos a los ojos del mundo como una farsa insostenible, y es gracias a la rebelión en curso. La lucha popular muestra la realidad nauseabunda del capitalismo más desarrollado.

En lo inmediato es probable que, así como estamos asistiendo a la fase ascendente de una rebelión en el centro del imperialismo mundial, la falta de organización en torno a un programa y un proyecto de poder, muestren pronto los límites de esta sublevación. Sin embargo, las imágenes que están recorriendo el mundo recogen solidaridad en los pueblos más distantes y siembran inspiración para emprender con mayor confianza las batallas planteadas a los oprimidos y explotados del mundo entero. En América Latina, las luchas que estaban en desarrollo hasta hace unos meses, sólo se pausaron parcialmente. La agudización de la crisis en curso volverá a ponerlas como prioridad de los pueblos.

Transitamos épocas de grandes sufrimientos para los pueblos, y también de grandes convulsiones sociales, que abren la puerta para plantear salidas revolucionarias. En momentos en que el imperialismo deja en claro que no tiene para ofrecer más que la multiplicación de las injusticias, el rol de las organizaciones antiimperialistas es clave para intervenir en el desarrollo de estas luchas y orientarlas en una perspectiva rebelde hacia la liberación nacional y el socialismo.

Leo Funes

Miércoles, Junio 17, 2020 - 00:15

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