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Los efectos del ajuste persisten, se agravan y alimentan la bronca popular
A diferencia de la crisis de 2008/09 que se explicó fundamentalmente por factores externos, en esta coyuntura incidió la brusca devaluación (23% enero y 31,3% anual), precios e inflación (38,5% general y en alimentos 47%), restricción de importaciones con caída de la producción industrial y su incidencia como nunca desde la salida de la convertibilidad, a lo cual se puede apuntar la caída de los precios internacionales (soja y derivados) y el estancamiento recesivo de Brasil. Lo cierto es que el plan Kicillof en su combinación de tarifazos, devaluación y elevada tasa de interés, como lo indica el manual de la ortodoxia, aceleró la inflación con una marcada pérdida del salario real y 500 mil puestos de trabajo menos. El gobierno aspira y hará todo lo posible, así deba quemar las naves, para que la tendencia recesiva se invierta en el segundo semestre o al menos que no se desmadre. A tal efecto, se propone:
a) preservar y fortalecer las reservas cuya disponibilidad solo alcanza para mantener un funcionamiento precario pero no para despegar de la recesión. De los U$S 30000 millones contabilizados al cierre de año, tan solo 18000 son genuinos (equivalentes a 3 meses de importación) o libre disponibilidad, el resto se compone de préstamos a devolver, importaciones retenidas, encajes bancarios, etc. En ese plano la convertibilidad de yuanes a dólares del préstamo otorgado por China, alivia transitoriamente pero condiciona el trabajo, el futuro y la soberanía del país.
b) postergar todo arreglo con los fondos buitres que impliquen afectación de fondos en este año, ya porque hay grandes mediadores interesados en un arreglo a futuro ya porque al gobierno le conviene seguir meneando como eje de campaña el “patria o buitres”.
c) mantener alto el gasto público e insuflar recursos al mercado interno. El déficit presupuestario real de 2014 sin contabilizar los pases de cuenta del Anses y el Banco Central, ascendió a la brutalidad de $ 300 mil millones. Por lo cual, en pleno año electoral, y teniendo en cuenta que la inflación es la variable discrecional que caracterizó los cuatro años últimos de Cristina y que también resuelve la provisión de las cajas provinciales (9000 millones de déficit) condicionando la fidelidad de los gobernadores, va de suyo que este año la impresión de billetes y el rojo fiscal alcanzarán nuevos records.
E.R.
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