Tucumán - La fuerza de la naturaleza y el espectáculo de la politiquería

Jueves, 23. Abril 2026

Las lluvias que golpearon Tucumán en marzo no fueron un episodio menor ni una tormenta más dentro del calendario habitual. Distintos registros periodísticos señalaron precipitaciones excepcionales en pocas horas, con zonas donde el agua superó ampliamente los niveles anuales y dejó a la provincia bajo alerta. Hubo anegamientos en múltiples localidades (incluida la capital), suspensión de clases, interrupciones de servicios y recomendaciones oficiales de no circular durante las tormentas. La naturaleza golpeó con fuerza, pero encontró un territorio vulnerable. Tucumán enfrenta lluvias cada vez más severas con infraestructura insuficiente, crecimiento urbano desordenado y obras hídricas demoradas. A las calles convertidas en ríos, canales colapsados, rutas afectadas y viviendas inundadas se le sumó la dimensión trágica tres víctimas fatales en hechos vinculados a las tormentas y sus consecuencias.
Dentro de ese panorama general, La Madrid quedó como símbolo de la crisis. Esta localidad del sur provincial, una de las zonas más afectadas, condensó de manera cruda lo que ocurre cuando una comunidad sufre inundaciones repetidas, pérdidas materiales y promesas incumplidas. 
Los vecinos denunciaron haber atravesado las consecuencias de varias crecidas consecutivas después de años de reclamos por defensas, limpieza de cauces y obras preventivas. El barro en las casas, los comercios arruinados y la sensación de abandono reeditaron una situación que periódica y fugazmente cubren los medios locales en cada temporal. 
Fue en ese contexto donde ocurrió el conocido episodio entre el diputado libertario Federico Pelli y Marcelo “Pichón” Segura, empleado municipal vinculado al peronismo. Según reconstrucciones periodísticas, Pelli llegó a la zona inundada junto a referentes opositores y colaboradores para entregar ayuda a damnificados. En medio de una discusión en el acceso a la zona, Segura lo agredió con un cabezazo que le provocó fractura nasal y posterior cirugía.  
Reducir aquel hecho a un simple arrebato personal sería insuficiente. El incidente condensó una disputa política más profunda: quién controla el territorio, quién aparece como asistente en la emergencia y quién capitaliza la imagen de asistencia en medio del desastre. La llegada de dirigentes opositores podía leerse como solidaridad, pero también como intervención política en una zona donde el oficialismo administra vínculos, recursos y lealtades. En la explotación mediática del episodio, oficialismo y oposición confrontaron públicamente, intercambian gestos y agravios, mientras la ayuda continuaba sin llegar y la presencia de funcionarios estatales en el territorio tampoco, lo que dejó en evidencia una gestión más preocupada por controlar el costo político que por atender la emergencia social. En su propia dinámica de temprana campaña electoral, LLA convirtió el drama de los damnificados en escenario de denuncias altisonantes, recorridas de cámaras y discursos inflamados sobre la supuesta defensa de instituciones republicanas que este color partidario no destaca por respetar. Así, el espectáculo reemplaza a la ayuda y apunta donde más duele al peronismo: el peso de sus décadas en el poder en Tucumán.
Sin embargo, el episodio más revelador llegó después. Un mes más tarde, hace pocos días, vecinos de La Madrid se manifestaron sobre la ruta 157 para reclamar obras urgentes y denunciar que, pasada la conmoción inicial, las soluciones no habían llegado. La protesta terminó con intervención policial, golpes, balas de goma, demoras y denuncias de represión incluso contra personas mayores. Lo que había comenzado como reclamo por infraestructura y asistencia a los damnificados derivó nuevamente en una respuesta centrada en despejar la ruta antes que resolver la causa del conflicto. Para el gobernador Jaldo y el peronismo local la cercanía con la gente funciona en el discurso, pero frente a la protesta emerge con rapidez la lógica de control estatal.
La respuesta posterior tampoco escapó al libreto experimentado antes. El oficialismo condenó la violencia y destacó la actuación policial, mientras la oposición nacionalizó el episodio como prueba de autoritarismo y decadencia institucional. Ambos relatos tenían algo de verdad y bastante de conveniencia. Mientras se discutía el cabezazo en estudios de televisión y redes sociales, seguían las casas llenas de barro, los comercios arruinados y las familias esperando respuestas concretas. 
Consultados por medios locales tras los incidentes policiales, los vecinos aseguraron que continuarán con las medidas de fuerza hasta obtener respuestas concretas. Mientras tanto, en Tucumán esta semana vuelven las tormentas, y tras sus consecuencias volverá la lucha del pueblo por soluciones.

Ramón Sosa

Jueves, Abril 23, 2026 - 12:00

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