Reproducimos las palabras de Andrés Zamponi, dirigente nacional del PRML pronunciadas en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA el 11 de abril.
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En marzo arribó la pandemia del Covid-19 a la Argentina y rápidamente saltó a la luz la enorme desigualdad social que existe en nuestro país. A medida que avanza y se agudiza la crisis, quedan cada vez más expuestas las precarias condiciones materiales de vida con la que el pueblo batalla a diario, como la desocupación, la pobreza, la falta de vivienda digna, la precarización laboral y la falta de acceso efectivo a la salud y la educación pública.
En este contexto, una vez más, las mujeres nos vemos enormemente perjudicadas. Para muchas mujeres de los sectores populares, como bien se señaló apenas comenzó la cuarentena, el "quedate en casa" se transformó en una medida que acrecentó la exposición a la violencia machista y a sus riesgos ante la falta de respuestas efectivas y certeras por parte del Estado. En lo que va del año se registraron 203 femicidios, 124 ocurridos desde que empezó el período de aislamiento preventivo y 67 trans travestidos. Entre los días 4 y 11 de septiembre se registraron 7 femicidios en 7 días en 5 provincias, 4 de ellos en un sólo día. Además hubo 167 intentos de femicidios. El promedio sigue siendo prácticamente un femicidio por día y las provincias con mayor índice de asesinatos son las del norte del país y la provincia de Buenos Aires. No son meras estadísticas, es la vida de cientos de mujeres la que está en juego. Por eso el #3J estuvimos en las calles y también estuvimos acompañando a las familias y las mujeres que salieron a reclamar políticas públicas efectivas para que dejen de matarnos. En estos meses con los cuidados necesarios no abandonamos las calles, porque allí es donde se da la pelea y donde podemos ganarla, teniendo en cuenta que si el gobierno está elaborando algunos programas para asistir mínimamente a las mujeres, lesbianas, trans y travestis víctimas de violencia, es porque lo arrancamos con años de lucha callejera. Seguimos denunciando que hay Ministerio pero no hay presupuesto suficiente para poder abarcar todo lo que implica avanzar en políticas públicas que apunten a la erradicación, la prevención y la asistencia de manera clara y resolutiva, por más que el gobierno se llene la boca hablando del tema. Pasa lo mismo con otras áreas sensibles como salud y educación. Y es que la plata que el Gobierno Nacional decidió destinar al pago de la ilegítima deuda externa, a los usureros internacionales y próximamente al FMI, es presupuesto que no se destina a atender las necesidades populares y mientras tanto, nosotras seguimos muriendo, seguimos siendo asesinadas, golpeadas y masacradas, encontradas en baldíos, bajo la cama de nuestro verdugo o enterradas en el patio del asesino, entre tantas escenas del horror que miles de veces hemos denunciado bajo el grito de Ni una Menos. Por eso el Estado y los gobiernos son responsables políticos de nuestras muertes y de todas las violencias que vivimos a diario.
Entre tantas de las violencias que nos atraviesan, está el hecho de ser dentro del pueblo trabajador quienes más sufrimos la agudización de la crisis económica y social. Según datos arrojados por la OIT, se estima que se perderán 860.000 empleos en la Argentina y que las mujeres se mantienen en el sector de mayor impacto ante la crisis. Las mujeres predominan en los sectores del trabajo doméstico, la asistencia sanitaria, la docencia y los servicios sociales, donde corren mayores riesgos de perder su ingreso, de infección y de transmisión, y es menos probable que tengan protección social. En general las estadísticas indican que enfrentamos los mayores índices de desempleo y de precarización laboral, situación que empeora entre las más jóvenes. La desocupación en este último trimestre entre las mujeres de 14 a 29 años fue de un 24%, aumentó 4% respecto al último trimestre de 2019. Hoy en día las mujeres perciben ingresos un 29% menor a los varones y la brecha asciende a un 36% entre las trabajadoras y los trabajadores informales. Además como somos quienes mayormente cargamos con el trabajo doméstico, de cuidado y reproductivo, tareas que se exacerbaron en cuarentena y sin escuela, se agravó aún más la dificultad que tenemos para llevar a cabo nuestras actividades laborales remuneradas, así como la dificultad para acceder al empleo, al estudio y al ocio entre otros aspectos, observándose esto con mayor impacto en las barriadas populares, donde estas tareas absorben la cotidianeidad de la mayoría de las mujeres.
Por último señalamos que uno de los sectores que logró visibilizar durante la cuarentena la enorme precariedad con la que vive ante la falta sistemática de acceso a derechos de todo tipo, como educación, salud, vivienda y trabajo fue el colectivo trans, que en medio de la pelea por una ley integral trans, por decreto logró el cupo laboral de 1% en el Estado. Un reconocimiento, que aunque mínimo, tiene que seguir alentando la pelea por más, por la ley integral y por todos los derechos que garanticen una vida digna que supere el doloroso índice de expectativa de vida de 35 años, poniendo el eje en dar la pelea por presupuesto para las necesidades populares y el acceso real al trabajo genuino.
Nada de lo que venimos exponiendo es nuevo y luchar contra todas estas injusticias, junto con la pelea por aborto legal, contra la trata, contra toda forma de discriminación, y contra el pago de la deuda, entre otras demandas, es parte de nuestro programa de lucha y de un amplio sector del movimiento de mujeres y feminista. El condimento extra a todas las desigualdades que atravesamos es el aceleramiento de la crisis y como la misma nos golpea con total crudeza, mientras que el movimiento de mujeres aún no llega a mínimos acuerdos para concretar un plan de lucha para enfrentarla. Esto se debe en parte, a que aún para muchas fuerzas afines al gobierno nacional, las expectativas para conseguir nuestros derechos están puestas en el gobierno antes que en la movilización por abajo, la cual vienen desalentando sistemáticamente, aunque la familia de Ludmila y sus amigas salgan a la calle exigiendo "Ni una Menos", o aunque miles de mujeres tomen tierras luchando por vivienda, o aunque a una niña de 10 años la hayan obligado a parir, junto a otros cientos de lamentables etc., como el aumento de la pobreza cada vez más femeneizada o de la flexibilización laboral, el colapso del sistema sanitario y la debacle de la educación online que rece sobre la espalda de miles de docentes mayoritariamente mujeres. Nosotras sostenemos que hay que salir a las calles como lo venimos haciendo, dando pelea a la inercia que esa actitud política está generando entre un sector de masas que tiene predisposición a la lucha. La agudización de la crisis y su impacto en las condiciones de vida del pueblo trabajador, entre quienes siempre nos llevamos la peor parte, impone que volvamos a ganar las calles masivamente porque es necesario y justo dejar de pagar con nuestras vidas y nuestro futuro una crisis que no generamos.
En ese camino se aproxima octubre el mes del Encuentro, que invita este año a seguir apostando a construir un movimiento de mujeres y feminista rebelde y combativo, tomando el incentivo de la lucha piquetera de la cual somos parte y en la que ciento de mujeres vienen saliendo a las calles dispuestas, no sólo a enfrentar el hambre, sino a darlo todo luchando por una vida digna y que la crisis la paguen los de arriba. Este impulso tiene que llegar a todos los barrios, a fortalecer las luchas de las trabajadoras contra la precarización, llegar a las estudiantes, a la juventud y a todas, por eso la importancia de generar espacios que en las circunstancias actuales, nos permitan encontrarnos en octubre. Antes tenemos la parada del 28 de septiembre, donde en algunas ciudades como en Córdoba, se va a movilizar exigiendo aborto legal ya con el proyecto de la Campaña, presionado para que no haya más dilaciones por parte del gobierno.
Julia Quinteros
Reproducimos las palabras de Andrés Zamponi, dirigente nacional del PRML pronunciadas en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA el 11 de abril.
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