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Gran Rosario - Frigorífico Euro: tripa y corazón

El histórico cordón industrial sur del Gran Rosario tiene memoria. Epicentro de la resistencia, parida por la unión de pueblos hermanos al calor de la industria, si hay algo que se escucha, se nombra y se sabe es que entre burocracias de derecha y una oleada combativa, la vanguardia obrera se respiraba con fuerza en las fábricas y frigoríficos de Villa Gobernador Gálvez.
El Plan Cóndor trajo consigo el objetivo de borrar no solo al comunismo, sino a las ideas más avanzadas de la clase trabajadora. El cordón sur no sería la excepción, y la complicidad de la Triple A se llevaría puesto grandes referentes y dirigentes.
Las décadas luego barrieron la memoria de aquello que se buscó eliminar, desaparecer y perseguir, las décadas fueron pasando y con ellas una oleada de impunidades para que el plan continuará por la vía democrática. Hechos como la no investigación real de la deuda externa tomada por la dictadura y la estatización posterior de deudas de privados, el industricidio y las privatizaciones menemistas luego, y la falta de un proyecto de desarrollo industrial soberano y profundo hasta entonces fue y va borrando de la identidad aquel germen de combativismo y solidaridad obrera que permitieron que miles de familias tengan su casa, su hospitalito, sus escuelas y sus clubes.
Pero la memoria es un músculo que si se ejercita recuerda y proyecta.
No está tan difícil recordar en estas épocas de privatizaciones, despidos, cierres de fábricas y toma desmesurada de deuda, donde ya no hace falta una dictadura cívico militar, cuando esta democracia de papeles genera sus propias formas de acaparar cualquier verdad de vanguardia, cualquier lucidez obrera al paso, cualquier reflexión popular en nombre y para otro oprimido. Ahora lo que garpa no es la identidad común, sino la autenticidad individual, una falacia que viene a rellenar los vacíos simbólicos y materiales de una crisis cada vez más evidente del sistema capitalista dependiente.
Pero la memoria esta, solo hay que ejercitarla.
Euro: crisis y ajuste sobre los laburantes
El frigorífico Euro es una “tripería” -como se denomina en la jerga de la industria cárnica- que envasa y procesa menudencias y tripas. También hacen salamines y diferentes embutidos que se exportan como producto de elite en Europa principalmente. La planta llegó a producir con dos turnos de 400 trabajadores hasta 2010, año que la recesión y crisis mundial especulativa pego con fuerza. Desde ese momento quedaron 400 trabajadores hasta que a finales de 2023 y con el mandato de Milei los despidos y retiros por goteo, la suspensión de renovaciones de contratos y toda maraña que pone los costos en el laburante dejaron un plantel de 150 trabajadores en actividad.
Se podría justificar que el achique encuentra su razón en la caída del consumo interno producto de bajos salarios, despidos masivos y una cadena virtuosa que se rompe cada vez que aumenta el desempleo. Pero la realidad de Euro no está atada a esto. La empresa exporta a Europa, generando ingresos de divisas. Pero más allá de esta inserción en el mundo, la ambición y especulación de sus dueños los llevó a la miserable decisión de dejar de pagar salarios en agosto de 2025, dejando de proveerse de insumos para seguir produciendo, sin dar razones de este freno y del incumpliento con los trabajadores. Detalle no menor, tampoco presentaron quiebra de la empresa, lo cual indica que el juego era desgastar a los trabajadores para que dejen sus puestos de trabajo y luego justificarse con la inasistencia laboral para no pagar indemnizaciones. Unas ratas de traje que nunca pierden.
Pero el cordón sur tiene memoria, y fue este escenario propicio para ejercitar las mejores reservas de lucidez obrera y práctica combativa en un contexto donde el laburante despedido se va con la cabeza baja y el derrotismo parece ser la única opción. Los compañeros de Euro, asesorados legalmente por el sindicato de la carne, decidieron tomar la planta, un hecho que revivió a toda Santa Fe y el país por demostrar que algo más se podía hacer cuando un modelo usurero y parasitario como el de Milei está en ejecución.
Hace más de tres meses permanecen en la planta, con la crudeza de lo que significa estar sin producir, de no tener respuestas ni soluciones. En agosto habían comenzado a debatir qué hacer y buscar respuestas, para que en noviembre directamente decidieran dar un paso adelante tomando la planta. En diciembre les amagaron con pagarle los meses adeudados y el aguinaldo, pero no se ablandaron: pedían hechos y no promesas. No le erraron. La plata nunca llegó ni tampoco algún mensaje de soluciones. Decidieron tomar las calles e ir al Municipio, responsabilizando a los tres niveles de la falta de interés en mediar como complicidad a escondidas. Así lograron que la Municipalidad asista con recursos el cotidiano de los trabajadores.
Estas acciones luego en charlas con referentes van a ratificar una conducta que compartimos y que marca sustancialmente la diferencia: la práctica anti burocrática ya la tenían incorporada. Comentan que siempre primero construían el conflicto ante falta de salarios, licencias o accidentes, y luego le avisaban al sindicato lo que pasaba para que le dé cauce. Y no es menor destacar la necesidad de debatir cómo una mano abierta y sintetizar para salir unidos a golpear con el puño cerrado, porque el ejemplo de Euro, aunque se lo mire como algo heroico y valeroso, también es duro y desgastante, pero marca algo que puede ser referencia de los tiempos de una reforma casi cocinada: Es necesario y digno.
Impulsado por la corriente sindical Jorge weisz y aceptado por los trabajadores de la planta, a fines de enero se propuso abrir la mesa a otras organizaciones, partidos y movimientos para comenzar a darle cauce a una jornada en contra de la reforma laboral que dote de impulso a todo el cordón sur, desde Gálvez hasta Villa Constitución, para seguir generando instancias de visibilizacion de la problemática de los despidos, suspensiones y el claro barrido de nuestra industria y capacidades nacionales, elemento imprescindible para pensar una patria liberada, con creación de empleo genuino y que corte la dependencia de mercados, productos, financiamiento y planes de desarrollo del imperialismo y las multinacionales.
La jornada del 10 de febrero fue sólo un puntapié que reunió a más de 100 personas y varios espacios unidos por principios soberanos, patrióticos, populares y antiimperialistas.
En una ciudad diezmada por la miseria extrema, el narcomenudeo, el hacinamiento y el desempleo estructural, recuperar el debate de un proyecto de la clase trabajadora centrado en sus intereses no asegura la politización al nivel de los años 70, eso sería reduccionista y nostálgico, pero sí permite revitalizar la solidaridad de clase y reflexionar las conductas combativas necesarias ante este plan de industricidio y quita de formalidad laboral, porque ubica lo necesario y la prioridad en el presente.
Arturo Díaz
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