Un gobierno al desnudo

Sábado, 19. Diciembre 2015
Un gobierno al desnudo

Hay nuevo gobierno en el país y para las expectativas generadas ya corre tiempo de descuento. El contenido más a la derecha y liberal del gobierno de Mauricio Macri empezó a transparentarse con las medidas dispuestas en sus primeros días. Ya no abundará el doble discurso pero la profundización del ajuste es una necesidad del capital monopólico y Macri vino para cumplir. Cuenta con una política, una base social donde apoyarse y un muestrario parcial o transitorio de los mayores fracasos de la década anterior para esgrimir. La derrota del peronismo en su versión kirchnerista aceleró la disputa al interior del movimiento, y si algunas reflexiones merecen de nuestra parte son a efectos de afianzar el vínculo de la clase obrera con una política revolucionaria, a la vez que intentar romper con el ciclo repetido sobre el cual funciona esta democracia domesticada, entre gobiernos ‘liberales’ versus ‘nacionales’.
Más allá del discurso inicial y la generalidad de las “buenas intenciones” expresadas, tanto la composición de su equipo como las primeras medidas tomadas lo afirman en su identidad histórica como representante del sector de la gran burguesía local que buscará capear la crisis con una nueva vuelta de rosca sobre el salario y el consumo popular, a la par de recomponer las relaciones de dependencia con EEUU y sus socios europeos. Una vez más, como tantas otras, se confirma el sentido engañoso en que ha derivado la práctica electoral, de tal forma que algunos de los primeros anuncios se orientan en dirección opuesta al cambio prometido, por lo menos en lo que respecta a precios, tarifas y devaluación. Lo cual abona en favor de quienes impulsamos desde el inicio la bronca contra el ajuste y el carácter tramposo del régimen político, a la vez que descarga el costo principal en quienes hoy patalean pero, luego de 12 años, fueron los principales responsables para que el macrismo se instale allí.

Un período de prueba
decisivo

El presidente sabe que su tiempo político empezará a acotarse hacia fines del primer trimestre. Del 24% de votos propios recibidos en octubre al 51,3% de noviembre hay una gran masa volátil que puede afirmarse o alejarse de acuerdo a los hechos. Cuando Kirchner transformó aquel 22% inicial en amplio apoyo posterior, contó a su favor con tres elementos objetivos principales que le permitieron recuperar una relativa gobernabilidad después de la insurrección de 2001: a) una devaluación previa realizada por Remes Lenicov-Lavagna con Duhalde, b) una moratoria en el pago de la deuda externa por resolución del Congreso bajo el breve mandato de Rodríguez Saa y c) viento a favor en los precios internacionales de los comodities de exportación. Hoy es el propio Macri quien debe: a) devaluar y asumir los costos de ello, b) normalizar y pagar la deuda con los holdouts en primera instancia para recuperar credibilidad ante la banca internacional y c) viento en contra y tendencia a la baja en los precios del mercado de exportación agroalimentario. De allí que todas aquellas medidas que prometió respetar, contrarrestando la “campaña del miedo”, sea la asignación universal, planes sociales, cooperativas, plan 12 cuotas, como aquellas de reciente aplicación tales como la eliminación de retenciones en maíz, carne, trigo e industria o el impuesto a las ganancias con piso no inferior a $30.000 de sueldos, serán de precario cumplimiento. Con un Banco Central sin reservas genuinas, inflación galopante y conflictos sociales en curso, el macrismo pone en riesgo toda su perspectiva si no puede sostener en el tiempo aquellas demandas básicas y menos aún avanzar hacia “pobreza cero”, “un millón de viviendas” o “un dígito de inflación”. Por lo cual el tema de conseguir rápidamente una suma ubicada entre 10 y 15 mil millones de dólares condiciona la viabilidad inicial del proyecto. Las gestiones para obtener de las cerealeras un anticipo de U$S 3.000 millones junto a la colocación de títulos Bonar 24 que serían tomados por bancos extranjeros encabezados por el Morgan y el Deutsche Bank por otros U$S 6000 millones iniciales, corren paralelo a los anuncios de levantar el cepo, liberar el tipo de cambio o disminuir la inflación.
Tiene a su favor el control del ejecutivo nacional, de CABA, de las provincias de Buenos Aires, Mendoza y Jujuy, pero no cuenta con mayoría en el poder legislativo de ninguno de los principales distritos, por lo cual el tema de acuerdos y componendas fijará su línea de flotación.
Mientras tanto, en lugar de convocar a sesiones extraordinarias, se maneja con decretos, en lugar de contar con los dos tercios del Senado como uso histórico en la designación de jueces, lo hizo a dedo y por decreto para incorporar en comisión dos nuevos integrantes en la Corte Suprema. Aquella prédica de la “nueva política” rápidamente se derrumbó. Detrás de la cortina del diálogo con gobernadores, ruralistas e industriales, tendrá que negociar sobre la base de una economía acotada, revisar la coparticipación federal, alinear ideológicamente un mosaico muy diverso, negociar con la burocracia, descomponer al peronismo opositor, controlar la corrupción y al narco con la misma tropa ya contaminada y, fundamentalmente, contener al movimiento de masas e impedir que el auge popular vuelva al centro de la escena.

De qué desarrollismo hablan

Desde el vamos, el ‘equipo’ de gobierno de Macri pone el acento en las inversiones y no en el consumo como motor del mercado, en la eficiencia del capital privado antes que la burocracia del estado. En recuperar algunas formas de coparticipación más federativa que centralizada como repuesta a las burguesías regionales y así poder condicionarlas. Es decir, propio de un pragmatismo donde la clave es hacer negocios y enriquecer a su clase pero también regulando algunas líneas del mercado allí donde la necesidad política lo determine. El Plan Belgrano, además de compensar los favores del tucumano José Cano, no pasa de ser un proyecto para el NOA con salida al Pacífico, cuya factibilidad dependerá solamente del interés y financiamiento de las multinacionales, pero mientras tanto será sustento y caja política con miras al 2017. No se puede pensar que solo por ser liberal a ultranza Macri viene para vaciar el estado. Tratará de reducirlo y ponerlo al servicio de la política de clase para compensar sus propias debilidades. Desde allí en todo caso con el manejo de los recursos presupuestarios y el aparato represivo marcará las prioridades y privilegios del sector al que responde.
Respecto al anunciado vuelco hacia un proyecto desarrollista, con el cual pretende instaurar la idea de crecimiento con mayor valor agregado por sobre la primarización de la economía para diferenciarse de otras experiencias con predominio del capital financiero -como la inaugurada por Martínez de Hoz o la de la década del 90-, no sólo no registra ningún rasgo progresivo sino que, además, tiene una absoluta dependencia de la inversión imperialista y sus instituciones financieras. También Kirchner habló de neodesarrollismo para diferenciarse del neoliberalismo, y terminó luego abrazado al modelo de matriz productiva no diversificada y extractivista que favoreció el crecimiento de los pooles de siembras, la concentración de la tierra, monopolios de agroquímicos y semilleras como Monsanto, Syngenta, Cargill y el grueso de las cerealeras que controlan el comercio externo. El creador del desarrollismo fue Arturo Frondizi, junto al economista Rogelio Frigerio, y si bien su prédica apuntó al desarrollo de la industria pesada, petrolera y automotriz de la mano de la inversión extranjera, durante su mandato inconcluso 1958/62 se terminó liquidando gran parte de la industria local existente, se produjo el cierre de frigoríficos y otras fuentes laborales, la entrega del petróleo y riquezas del suelo con la firma de contratos leoninos, se abrió la puerta a la privatización en la educación y se impuso el plan Conintes para contener y reprimir la lucha de los trabajadores que resistieron todo el período. En la época del imperialismo no hay desarrollo independiente de la mano de los monopolios sino contra ellos. Y esto solo es posible con la revolución.
Cuando Macri habla de favorecer y apoyar el desarrollo del campo y a su vez coloca algunos hombres ligados a la UIA en el gobierno hay que considerar, al no ser un bloque homogéneo, que también se abre una disputa entre facciones de la gran burguesía por los espacios de poder, por el perfil a imprimir y por la captura de la renta agraria. El reclamo de Techint por mejores condiciones y competitividad para protegerse ante la invasión china en el mercado internacional del acero es parte de las contradicciones en alza que, en el marco de una fuerza política y un consenso logrado sin mayor consistencia ni palancas firmes en el seno del pueblo, preanuncian tiempos de alta conflictividad. Es decir, al encrespamiento de la lucha obrera y popular enfrentando el ajuste se le agregan contradicciones en las alturas, propias de quien asume con un consenso político frágil y necesitado de una corriente inversora que le otorgue movilidad a la economía. De no ser así el proyecto puede derivar en una tormenta perfecta donde la lucha de clases le ponga su sello mucho antes de lo pensado.

Ninguna expectativa

El ajuste no debe pasar. Se abre una dura pelea para que las políticas en curso y sus efectos sobre los precios en alimentos y servicios mayormente, sean rechazados en todos los planos. El presidente llamó a “empresarios y trabajadores a ponerse de acuerdo para generar más trabajo y crecer, bajando ausentismo y conflictividad”. Lo anuncia como base del pacto social, con lo cual pretende abrochar la complicidad de la burocracia. Pero por otro lado no hay repuesta al reclamo de aumentos o bono compensatorio para diciembre-enero, como tampoco solución ante el hecho de los 5000 trabajadores de Cresta Roja que denuncian un vaciamiento y la pérdida de la fuente de trabajo. Los costos de la herencia recibida deben pagarla los banqueros, petroleras y cerealeras que se beneficiaron con la década y que hoy muchos de sus gerentes o ex CEO integran los equipos oficiales. El pueblo se expresó electoralmente dividido pero con un sentido de cambio distinto. No confundir: los trabajadores no viven el resultado con exitismo ni como derrota. Lo viven con preocupación, con bronca y mucha confusión. Por momentos aparece la grieta como en los actos del 9 y 10, forzada por ambos bloques interburgueses con impacto cierto y a su vez relativo para la recomposición de la unidad en el movimiento de masas. Las medidas del gobierno tienden a profundizarla en lugar de cerrarla. La falsa grieta entre diferentes proyectos de la gran burguesía en pugna por el control del estado y su realineamiento internacional debe ser reemplazada por la verdadera grieta que expresa la contradicción principal de un programa revolucionario, entre la clase obrera y el pueblo contra los enemigos históricos de la asociación monopólica de la gran burguesía y el imperialismo.
La prioridad estará en la política del Partido, su aplicación y su relación con el movimiento de masas. En el otro andarivel, la construcción política por la unidad con el combativismo, la izquierda y los que luchan. Parados en el espacio de la rebeldía en sus distintas formas y rescatando las mejores experiencias sobre todo desde 2001 en adelante, generar las iniciativas para superar los límites objetivos, desenmascarar al macrismo y avanzar en el protagonismo y en la maduración cualitativa del auge popular.

Andres Zamponi

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Sábado, Diciembre 19, 2015 - 09:00

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