Tras las primarias | Más ajuste, la misma lucha

Miércoles, 16. Agosto 2017
Editorial

Finalmente, llegaron las PASO y allí están los resultados. La consagración de Cambiemos en 10 provincias, la proyección en otras y algunos casos puntuales como los triunfos en San Luis y Neuquén, lo posiciona con cierta comodidad para octubre. Un crecimiento a costa de una dirección peronista cuestionada, colaboracionista y dividida. La polarización con Cristina quedó reducida a la provincia de Buenos Aires esencialmente, donde ninguna de las dos fuerzas estuvo por encima de los votos obtenidos en 2015. Quedó clara también la maniobra del oficialismo por embarrar el escrutinio y otorgarse una victoria que no fue. El empate técnico en todo caso posterga una definición que favorece a la ex presidenta, considerando que las mesas sin escrutar corresponden a las zonas donde mayor ventaja obtuvo, como La Matanza, Lomas de Zamora y Moreno. El núcleo duro de 30/35% que mantuvo Cristina Kirchner no se amplió: se abre una fuerte disputa por inclinar los votos de Randazzo y Massa desde ambos lados. Fue un voto surgido de la comparación de la situación de zozobra social actual con la que se disponía en el gobierno anterior; su asiento principal fue el conurbano. Saldó la disputa interna en el peronismo bonaerense y se pronunció contra el agravamiento en las condiciones de vida actual. Ello no supone ni determina el retorno de Cristina en 2019, a pesar de que su armado recibe aire fresco de la victoria de Rossi en Santa Fe pero también un golpe duro con la derrota en Santa Cruz. Se pueden hacer diversas conjeturas al respecto, y más aun viendo el conglomerado de provincias donde algunos gobernadores peronistas están más cerca del gobierno que del kirchnerismo.
Los resultados en general son favorables a Cambiemos, que ratificó su tercio del electorado nacionalmente. La paridad relativa en la provincia de Buenos Aires -donde se concentra el 37% del padrón- habla tanto de la vigencia de la fisura como de la falsa antinomia entre dos modelos ya probados y fracasados, dentro del mismo capitalismo dependiente. Por lo cual más allá del énfasis puesto por cada uno nacionalmente, la proyección hacia octubre permanece abierta al igual que la disconformidad y la conflictividad en desarrollo. Respecto a los ejes de campaña, entre el de la necesidad económica impuesto por Unidad Ciudadana y el de la corrupción e ineficacia política denunciado por Vidal, que timoneó en el último tramo de campaña, ambos sobrevivieron. Predomina en sectores amplios la expectativa sobre un cambio que aún no llegó (ni llegará) por encima de las dificultades del presente, donde pesan negativamente los 27 años de sucesiva gestión Justicialista.
En este cuadro, no debería ignorarse que alrededor de 7 de cada 10 argentinos eligió, en diversas variantes, no votar al macrismo. Por lo tanto, los esfuerzos por estabilizar el funcionamiento de esta democracia monopólica sobre un empobrecimiento mayor del pueblo siguen caminando sobre suelo frágil.

El voto bronca también se expresó

Coherente con nuestra posición de empujar el no voto, voto en blanco o voto programático, como expresión rebelde frente a un escenario que se debe sostener en la lucha de calles antes que en este Congreso funcional a las corporaciones, detallamos algunos porcentajes.
La abstención se ubicó en el 25,5%, apenas por encima de las dos PASO anteriores. El voto blanco y nulo alcanzó el 5,7% del total emitido, con porcentajes mayores en algunos distritos como Santa Fe (9,13%), Santa Cruz (7,99%), Chubut (7,94%), Entre Ríos (6,93%), Mendoza (6,57%) y otras. Ello habla de una franja nacional que se va configurando en la convicción que la importancia del voto como instrumento de cambio en los marcos de una democracia sometida y pusilánime, aparece cada vez más disminuida, frente a la incontrastable realidad de que las elecciones pasan pero el hambre y la desocupación quedan y profundizan. En otro renglón destacamos la performance alcanzada por el FIT, que logró superar el 1,5 de proscripción en los 22 distritos donde se presentó.
Decíamos también en no transar que estas primarias se realizaban en medio de un generalizado clima de descontento popular, que no se modificará ni ahora ni con las definitivas de octubre. Que, por otro lado, los resultados de ambas elecciones no alterarán mayormente la correlación de fuerzas actual en el parlamento, no se eligen cargos ejecutivos ni suponen que el gobierno cambiará de política por voluntad de las urnas. Lo ratificamos.

Después de los resultados

La profundización del ajuste es lo que viene frente al mosaico político que arrojaron las primarias en un primer análisis. No hay plan B, dijo el presidente oportunamente, indiferente a los resultados. Ahora sí reaparecen las intenciones de avanzar con las reformas laboral y previsional fundamentalmente, emulando la experiencia brasileña. En todo caso buscarán ampliar el consenso o acuerdos mayores con fuerzas de la oposición, conscientes de que los números en el Congreso no alcanzan. Cuentan a su favor con la disputa interna que prevalece en el peronismo en su conjunto, visto que los saldos en favor de Cristina no fueron determinantes. Por otro lado, la corporización de la liga de gobernadores justicialistas encabezados por Urtubey-Schiaretti, con dominio en 12 provincias y mayoría indefinida aún en el bloque del Senado, agrega nuevas fricciones. También habla de la inutilidad de los órganos legislativos que, si ya fueron funcionales al plan neoliberal en los dos primeros años, no hay razones, tras las primarias, para que no lo sean en el período que falta.

La desaparicion de Maldonado, salto cualitativo de la represión

La represión oficial adquirió nueva altura con la desaparición del joven Maldonado. No se trata ya de protocolos, ocupación de los espacios públicos y amedrentamiento por parte del aparato represivo, desalojos de calles o de fábricas como en Pepsico, o represión a los Mapuches en defensa de los Benetton y Lewis que se apoderaron de sus tierras. Fue desaparición forzosa por parte de gendarmería que lo niega, como en otros tiempos, cuando sucedió ante múltiples testigos presentes. La hipocresía de la ministra Bullrich y de Pablo Nocetti que lo niegan, es la señal más clara de que la represión institucionalizada es complemento del ajuste. La tenaz resistencia, denuncias y luchas de los trabajadores por sus intereses violados condicionan el plan y la estabilidad que pretende Macri, más allá de los resultados de las urnas. E incorporar la figura de la desaparición de personas constituye un paso cualitativo en su propia lógica, destinada a contener y derrotar aquel protagonismo. La repuesta popular y las movilizaciones -que deberán continuar- en todo el país por la aparición con vida de Maldonado, ya se desplegaron y suman en el plano de las libertades nuevas exigencias al gobierno de los monopolios.

Hay mayores razones para la lucha

Ahora la estrategia oficial es estirar y entretener para dirimir en octubre las elecciones de medio término. Por nuestra parte lo principal es concentrar en la movilización política y de masas estimulando el auge que no se altera. Apuntar a sostener el voto bronca y una mayor vocación unitaria, para una repuesta de conjunto con otras organizaciones que aspiramos a un cambio por el único camino posible, el de la lucha y su elevación en el sentido del 2001, que sirva de base para replantear una modificación de fondo del actual régimen político.
Hay mayores razones para estimular y desplegar la lucha por las demandas concretas, salariales, laborales y democráticas, que se vienen expresando en todo el país. Esto más allá de la conducta traidora de la dirigencia de la CGT, que así como dilató una medida tibia como la anunciada marcha del 22, hoy balbucea su posible postergación. Los protagonistas seguirán siendo los trabajadores, jóvenes y mujeres, a la vez que la mejor garantía de quebrar esta política y abrir nueva instancia de organización revolucionaria en todos los planos.

Andrés Zamponi

Publicado en: 
Miércoles, Agosto 16, 2017 - 07:30

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