Paraguay “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”

Martes, 11. Abril 2017

En Paraguay, 25 senadores del oficialismo cartista (Partido Colorado) y de la oposición luguista (Frente Guasú), acordaron a puertas cerradas, y fuera del Congreso, las modificaciones necesarias del reglamento interno para hacer posible la votación de un proyecto de enmienda constitucional que habilita la reelección del presidente, y que beneficia tanto a Cartes (actual presidente) como a Lugo (ex presidente, derrocado por un “golpe parlamentario” en 2012). Este Pacto de Olivos express no ha despertado ninguna escena de “histeria republicana” por parte de los mismos paladines de las “instituciones democráticas” que se horrorizan por la situación en Venezuela.
Los prolegómenos de este pacto entre oficialismo y oposición ya venían siendo repudiados por movilizaciones callejeras en los días previos, hasta que trascendió la efectivización de esta reunión el 31 de marzo y la bronca estalló en las puertas del parlamento.
Sana costumbre que arraiga en los pueblos de la región, una multitud movilizada contra la transa de las huestes de Cartes y Lugo, tras tumbar las vallas y doblegar a la policía, incendiaron una parte del Congreso Nacional y ocuparon el resto al grito de “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, dejando en claro que esta cueva de corruptos y traidores no cuenta con respaldo popular para seguir operando libremente.
La pueblada arrasó con varios edificios públicos del centro de Asunción, mientras que la represión policial se llevó la vida de Rodrigo Quintana, de 25 años, dirigente de la juventud del PLRA (Partido Liberal Radical Auténtico), asesinándolo de 8 tiros adentro de la sede de su partido. Decenas de heridos y cientos de detenidos son el saldo inicial de la represión, que intervino frente a las manifestaciones que tuvieron lugar también en ciudades del interior del país. Pasadas las primeras horas del estallido, el ministro del interior y el jefe de la policía son las primeras bajas del lado del gobierno, aunque el proyecto de enmienda se mantiene en pie.
Los antecedentes más cercanos hay que rastrearlos en agosto del año pasado, cuando el Senado rechazó el proyecto de modificación constitucional. La legislación paraguaya es clara respecto a la imposibilidad de volver a tratar ese tema hasta transcurrido un año. Pero si así fuera, los actuales promotores de la reelección llegarían tarde, con las elecciones ya convocadas. De todos modos, Cartes sigue firme en la idea de hacer pasar la enmienda y, frente a una acción de inconstitucionalidad presentada conjuntamente por 19 senadores, el ejecutivo defiende el proyecto de reforma frente al Tribunal Supremo de Justicia. Por el momento, el máximo tribunal no se ha expedido.
Claramente, la intención de los senadores que acudieron a la justicia (de los diferentes partidos en disputa), es poner palos en la rueda de la candidatura de sus respectivos caudillos partidarios que, de prosperar la enmienda, serían “reelegibles” (Cartes, Lugo y Duarte Frutos). A esta batalla a tres bandas entre el partido Colorado, el Liberal y el Frente Guasú, en el marco de la podredumbre institucional, se le superpone una lucha intestina en cada una de las estructuras político-electorales que se disputan el próximo mandato.
La democracia paraguaya nació condicionada por los restos de la dictadura de Stroessner como sucedió con Pinochet en Chile, y no estuvo precedida de estallidos populares como si ocurriera en Bolivia y Ecuador, entre otros. Las expectativas que en su momento despertó el ascenso de Lugo al poder se fueron desvaneciendo durante su efímero mandato, y con el pacto de gobernabilidad que sostiene con el Partido Colorado (heredero del stronismo), han recibido su tiro de gracia. Las palabras del padre del joven asesinado por la policía, denunciando que “Cartes y Lugo son los culpables” (del asesinato de su hijo), sintetizan la responsabilidad compartida en el sostenimiento de un régimen político antipopular, corrupto y decadente.
La organización del pueblo en la calle, con la perspectiva de barrer con esta institucionalidad reaccionaria, es el primer paso necesario para vislumbrar un Paraguay de pie, que luche por imponer su liberación de la mano de un gobierno popular surgido de la rebelión.

Leo Funes

Publicado en: 
Martes, Abril 11, 2017 - 20:00

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