Ni una Menos, Vivas y Libres nos queremos

Sábado, 16. Mayo 2020
Ni una Menos

Mientras luchamos contra la violencia machista en tiempos de cuarentena preparemos un #3J de lucha y en las calles.
La cuarentena está profundizando las desigualdades y la violencia hacia las mujeres, lesbianas, trans, travesti, bisexuales y no binaries. Se agravó la cruda realidad que venimos denunciando a través de nuestro grito de Ni una Menos, porque la situación de encierro expuso mucho más a las mujeres víctimas de violencia machista producto de la convivencia prolongada con su agresor.  Y si bien el gobierno reconoce esta situación, no ha destinado los recursos presupuestarios necesarios para enfrentarla. 
Desde el PRML somos parte de los ruidazos contra los femicidios y además con medidas de cuidado salimos a defender nuestro derecho por una cuarentena sin violencia. A fines de abril concentramos en la puerta del Polo de la Mujer como integrantes de la Asamblea Ni una Menos en Córdoba, reclamando justicia por el femicidio de Cecilia Basaldúa. Concentración que se repetirá el próximo jueves 14 de mayo preparándonos para las jornadas del próximo #3J. En este camino es importante promover los debates dentro del movimiento de mujeres y feminista para programar próximas concentraciones, saliendo también por el aborto legal el próximo 28 de mayo Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. Además promovemos, sobre las experiencias organizativas del movimiento feminista, allí donde sea posible, levantar comités de crisis de mujeres, LTTBNb, que nos permitan organizarnos y accionar contra el embate de la crisis que se descarga duramente sobre nosotras.
En Argentina hay en promedio un femicidio cada 24hs. En lo que va del aislamiento se registraron 36. Muchas organizaciones advertimos que la situación de violencia (física, psicológica, económica y sexual entre otras) iba a empeorar, teniendo en cuenta que -según los datos oficiales- el 75% de los femicidios se producen en la casa de la víctima en manos de parejas o ex parejas y que los asesinatos son la consecuencia más atroz de la violencia machista desplegada dentro de los hogares. En este sentido las denuncias por casos de abusos sexuales contra niños, niñas y adolescentes se dispararon en este período, siendo posible que, según las últimas estadísticas, una de cada cinco niñas y uno de cada 13 niños, este aislada con su abusador. Si a esto le sumamos la ausencia que tenemos de arrastre en políticas que tengan un impacto real en el combate contra violencia hacia las mujeres, trans, travestis, advertimos por qué la cuarentena preventiva, se transformó para muchas en una situación que potenció los riesgos a los que vienen estando expuestas y aumentó su indefensión, dejando a la vista los límites de la medida en este contexto.
La respuesta del gobierno fue disponer una fuerte propaganda sobre las líneas de atención telefónicas como la 144 (basadas en la precarización laboral), que registran un enorme colapso ante el incremento de los llamados y pedidos de ayuda que no encuentran respuestas concretas. La realidad es que el nuevo Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad se creó sin tener asignado presupuesto suficiente y acorde. Por eso exigimos que con urgencia se destine un aumento real de presupuesto a las áreas de género, que debe contar con personal con condiciones dignas de trabajo. Hoy es de primer orden garantizar asistencia económica para quienes estén atravesando situaciones de violencia, así como el acceso a refugios y resguardos habitacionales para las mujeres, LTTBNb que lo requieran durante la cuarentena. Se tienen que brindar soluciones efectivas con acciones de prevención y asistencia concretas y sostenidas en el tiempo, como venimos reclamando desde el movimiento de mujeres y feminista. La cuarentena sacó a luz la importancia de nuestro reclamo por trabajo genuino y acceso a la vivienda digna como medidas básicas y necesarias para poder buscar alternativas con autonomía que permitan la independencia del agresor, por eso todos estos reclamos tienen que tomar fuerza el #3J.
Crisis económica, interminable jornada laboral y la olla en las barriadas
Las violencias que padecemos están vinculadas con nuestras condiciones materiales de vida generando que las mujeres del pueblo seamos las que más sufrimos las consecuencias económicas negativas de la crisis. Descargada una vez más sobre el conjunto del pueblo trabajador, a nosotras en relación con los varones nos golpea de forma diferencial, viéndonos más perjudicadas porque somos las más desocupadas, las más precarizadas en los trabajos y las más pobres entre los pobres. 
Sin escuela estamos sobrecargadas por las tareas domésticas y de cuidado que históricamente recayeron sobre nuestras espaldas. Si tenemos empleos formales lidiamos con la combinación de la flexibilización laboral que se impuso durante la cuarentena con el teletrabajo y las exigencias de los cuidados full time. Caso testigo es el de la docencia, donde la mayoría somos mujeres (ejemplo además de la sobre representación en actividades laborales ligadas a estereotipos de cuidado con bajos salarios). Así, la doble jornada laboral es eterna durante este período, incrementándose los niveles de desigualdad afectando nuestra salud física y mental. 
Esta sobrecarga también las sufrimos en las barriadas, donde además el parate de la cuarentena y la informalidad nos dejó a muchas sin trabajos, y sin acceso al mango en el bolsillo que conseguimos con las changas, situación agravada para el colectivo trans travesti. Sólo el 31% de las mujeres de los barrios populares tenemos acceso a un trabajo con ingresos, muchos paralizados como es el caso de las empleadas de casa particulares; y la desocupación que azota a la juventud es más alta entre nosotras: una de cada 5 jóvenes no tenemos trabajo. Así las cosas, la cuarentena volvió a encontramos en la primera línea poniendo la olla, transformando el mandato de resolver el hambre, en solidaridad popular como impulsó la CUBa MTR y la Juventud Revolucionaria Che, a la par de salir y reclamarle al gobierno todo lo necesario para pasar la cuarentena con un plato de comida en la mesa.
Respecto a los trabajos declarados esenciales es importante el ejemplo del sector salud, que teniendo en cuenta la enorme precarización laboral y el desfinanciamiento que expuso la pandemia, tomó en sus manos una frase histórica de nuestras luchas visibilizando la importancia de “cuidar a quienes cuidan” y la responsabilidad estatal al respecto. 
#3J Presupuesto para nuestros derechos. No al pago de la deuda
Este es el estado crítico con el que vamos a llegar a un nuevo #3J en medio de la pandemia. La tensión por la disputa presupuestaria reedita el debate del #8M alrededor de la deuda externa. El feminismo burgués, resignado a la dependencia eterna, ya lanzó su proclama bancando el pago de la deuda externa. Las feministas partidarias de la liberación nacional y social sostenemos el no pago de la deuda a los buitres y el FMI. La plata tiene que ir a satisfacer las demandas del pueblo trabajador.
Por último destacamos la importancia de retomar la expresión callejera para conquistar nuestros reclamos en unidad con los sectores de laburantes y del movimiento piquetero que empezaron a salir para enfrentar el hambre, los despidos, suspensiones y el congelamiento salarial que pasan con la complicidad de las centrales sindicales. Desde el PRML apostamos salir a las calles este #3J en el camino de construir una salida popular a la crisis profundizada por la pandemia. 
Construyamos un movimiento de mujeres y feminista rebelde y combativo.
 Julia Quinteros

Publicado en: 
Sábado, Mayo 16, 2020 - 19:45

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