Las tensiones en el este europeo

Martes, 9. Septiembre 2014
Los líderes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte en la cumbre realizada en Gales

Una vez implosionada la URSS, la razón fundante de la OTAN debió recrearse para justificar su existencia; en los últimos años, la “amenaza rusa” ocupa un lugar privilegiado en las prioridades del organismo. La disposición geográfica de las bases militares de la OTAN da cuenta de esta definición. Pero el cierre del cerco se ha complicado más de la cuenta.

Europa se está convirtiendo en el teatro de operaciones de una disputa interimperialista que desafía las previsiones de sus propios protagonistas. La búsqueda por parte de los EEUU de aislar y rodear paulatinamente a Rusia, expresada en una expansión progresiva de la OTAN bajo sus órdenes hacia el este europeo, se ha topado en Ucrania con una situación mucho más compleja de lo que figuraba en sus planes.
A lo largo del año en curso, la aceleración de la puja entre el bloque EEUU-UE y la Federación Rusa se evidencia desde que aquellos decidieron avanzar sobre el gobierno ucraniano, apoyados en el crecimiento del descontento popular y la predisposición de sectores de la oposición a seguir una hoja de ruta delineada por el FMI. Pero la operación que empezó en los primeros meses de 2014 con el derrocamiento del presidente y la coronación de una junta de gobierno, ha ido desatando elementos que no figuraban en los planes iniciales de sus patrocinadores. La intervención popular en el sureste del país, resistiendo esta maniobra con las armas en la mano, y al cabo de varios meses, con más de 2.000 muertos en el camino, ha logrado que la operación “antiterrorista” del nuevo gobierno esté sumida en un fracaso inocultable. No solo eso, sino que en el transcurso de esta campaña, Rusia se quedó con la estratégica península de Crimea. El derribo de un vuelo comercial con 300 pasajeros muertos es sólo la más difundida de una serie de aberraciones a las que han acudido la OTAN y sus títeres en el gobierno para justificar la tutela militar de las potencias occidentales sobre el gobierno de Kiev y su masacre sobre la población del sureste. Mientras, la decisión del parlamento ucraniano de abandonar el status de “no alineado” es la antesala de la inclusión de la ex república soviética en el Tratado del Atlántico Norte que, si aún no se ha concretado, es por el temor a la impredecible reacción que desencadenaría en Rusia tal decisión.
La reciente cumbre de la OTAN en Gales resolvió una serie de medidas que no dejan lugar a dudas: apoyados en el pretexto de esta crisis, se amplía la presencia militar en toda Europa del este; se crea un nuevo cuerpo llamado “Fuerza Conjunta de Alta Disponibilidad” que cuenta en principio con unos 5.000 efectivos, y también una “Fuerza Conjunta Extraordinaria” con unos 10.000 integrantes, con capacidad de intervenir en cualquier lugar del mundo en 48hs; se refuerza la cooperación militar con Ucrania, Georgia y Finlandia (todos países limítrofes con Rusia); modernización del ejército ucraniano, asistencia y equipamiento necesario para su sistema de defensa. Para financiarlo, todos los miembros del tratado aportarán un 2% de sus PBI a gastos de defensa.
Simultáneamente, en las últimas semanas se verificó una escalada de sanciones comerciales y financieras por parte de EEUU y la UE hacia Rusia y, a renglón seguido, Moscú contestó con medidas similares hacia los socios occidentales. Esta serie de medidas, impulsadas desde la Casa Blanca tienen, sin embargo, un efecto perjudicial particularmente para sus aliados europeos. Ya se han empezado a escuchar las muestras de disconformidad con los efectos de estas sanciones por parte de una serie de productores agrícolas e industriales de Francia y Alemania, que ven venirse abajo sus expectativas de exportación a Rusia en la medida que el comercio entre ambos bloques se siga enfriando.
Mientras tanto, Rusia busca no perder terreno en sus relaciones comerciales con Ucrania, al tiempo que refuerza el carácter estratégico de su alianza con China y la Organización de Cooperación de Shanghái.
Así, mientras se van trabando los vínculos comerciales entre los distintos bloques, y la disputa entre potencias imperialistas se establece por ahora en el lenguaje de las sanciones financieras y comerciales, por detrás los ejercicios militares conjuntos y las maniobras fronterizas con renovado material bélico se suceden con mayor frecuencia, como respaldo de las decisiones en el terreno económico.
La riesgosa apuesta de jugar con fuego en las puertas del territorio enemigo han tensado, por el momento, hasta este punto las relaciones internacionales en Europa. El reciente acuerdo de alto el fuego en Ucrania responde a las dificultades para mantener la situación bajo control de occidente, vista la fortalecida contraofensiva de los insurgentes del sureste, y la desconfianza de clase respecto a la composición social y orientación ideológica de sus milicias, con el consiguiente riesgo -para ambos bloques- de tener en estas circunstancias un levantamiento revolucionario en el centro del escenario de las tensiones actuales.
Precisamente, sobre la base del descontento popular que se extiende al ritmo que se deterioran las condiciones de vida de las masas en gran parte de Europa, y ante el marcado retroceso en materia de libertades democráticas que caracteriza a los regímenes que imperan en el viejo continente, la intervención independiente y rebelde de los trabajadores y los pueblos es el principal contrapeso a la carrera belicista en marcha, y su irrupción revolucionaria es la única alternativa genuina para los pueblos del mundo.
Leo Funes

Sobre la OTAN

La OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) se creó en 1949 entre Estados Unidos y sus aliados de Europa Occidental, como instrumento en la “guerra fría” para oponerse a la expansión de la Unión Soviética. Es un tratado armamentístico de protección y cooperación bélica, política y económica que sobrevivió a la caída de bloque socialista. Tras la desintegración de la URSS, entró por primera vez en combate en 1999 para persuadir, mediante bombardeos aéreos y marítimos, al presidente yugoslavo Slobodan Milosevic que retirara sus fuerzas armadas y militares de la provincia serbia de Kosovo.Se justificó la agresión apelando al derecho de injerencia para garantizar los derechos humanos.
Actualmente 28 países integran la organización, entre los que se encuentran Alemania, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, España, Francia, Grecia, Italia, Turquía, Portugal y Polonia.

Publicado en: 
Jueves, Septiembre 11, 2014 - 18:15

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