Formación - Sobre el carácter de la revolución en Argentina

Martes, 14. Febrero 2023

Reproducimos un apartado de este material de elaboración propia que se utiliza como herramienta de formación de nuestra militancia. El texto refiere a nuestra caracterización estratégica sobre las tareas de la revolución en nuestro país.


Como ha señalado Lenin “el marxismo exige de nosotros un análisis completamente exacto y objetivamente verificable de las relaciones de clase y de los rasgos concretos propios de cada momento histórico.” (Lenin, “Cartas sobre táctica). Esto quiere decir que solo a través de un análisis riguroso, pormenorizado y científico de la realidad político-social concreta se puede avanzar hacia una práctica política revolucionaria. Este análisis científico debe en principio determinar la correlación entre las clases y las relaciones de fuerzas entre las clases que están en pugna.

Determinar tal correlación entre las clases implica a grandes rasgos establecer cuáles son las clases dominantes, es decir aquellas que poseen los medios fundamentales de producción y controlan por lo tanto la maquinaria burocrática- militar del Estado; y cuáles son las clases explotadas y oprimidas en dicho régimen político-social. 

Ahora bien, la correlación de las clases y la correlación de fuerzas en la lucha de clases, son dos aspectos que están determinados por el desarrollo económico del país (es decir por factores objetivos) y por el grado de conciencia y organización de la masa obrera (los cuales hacen a los factores subjetivos de la política). Estos factores objetivos y subjetivos están indisolublemente ligados. 

Esta ligazón de aspectos objetivos y subjetivos, que se presentan en cada formación económica social de una manera particular, determinan la correlación de clases y correlación de fuerzas en la lucha de clases y, por lo tanto, la estrategia revolucionaria que debe seguir el partido de revolucionario de la clase obrera, respetando las tareas de cada momento, es decir, las etapas de la revolución.

En el caso específico de la Argentina, que por su desarrollo económico se puede definir como un país capitalista dependiente, la estrategia definida por el partido revolucionario de la clase obrera es la de la insurrección democrática popular, antimonopólica y antiimperialista. Como ha señalado Lenin, el carácter democrático popular de la insurrección implica la participación activa de las amplias masas del pueblo, es decir de la inmensa mayoría de este. Tal insurrección tendrá como objetivo central barrer con todos los gobiernos que expresan los intereses de los grandes empresarios, de los monopolios y de la oligarquía financiera internacional imperialista. Es decir, de aquellos gobiernos que sostienen la dependencia de muestro país, la explotación y la opresión imperialista. 

La insurrección democrática popular tendrá que imponer un gobierno provisional revolucionario, de carácter democrático, popular y antiimperialista. Este gobierno revolucionario, que será el órgano de la insurrección popular, deberá aplicar el programa mínimo que ha sido establecido por el XI congreso y ratificado por el último congreso del PRML. 

Entre los puntos de este programa mínimo figuran: 

1- Aumento inmediato de salarios, jubilaciones y subsidios a los desocupados, para que ninguna familia viva bajo la línea de la pobreza. Por la plena vigencia de la salud y la educación públicas, estatales y gratuitas al servicio de las mayorías populares. Por la erradicación del analfabetismo. 

2- Suspensión del pago e investigación de la deuda externa usurera, ilegitima y fraudulenta.  

3- Nacionalización de la banca, del comercio exterior, y de los recursos naturales y estratégicos, poniéndolos bajo el control de las organizaciones obreras y populares, estableciendo la propiedad estatal sobre los mismos. 

4- Conformación de un fondo de emergencia económica proveniente del no pago de la deuda externa, la confiscación de la super ganancias de las privatizadas y los monopolios agro exportadores e industriales, que financie todas las medidas al servicio del bienestar popular y el pleno empleo. 

5- Reestatización de las empresas privatizadas. Expropiación y estatización de las empresas vaciadas por sus dueños y puestas en funcionamiento bajo el control de los trabajadores. 

6- Asistencia crediticia estatal basada en la pequeña y mediana empresa hasta alcanzar el pleno empleo. 

7- Por una política agropecuaria y pesquera planificada para garantizar la alimentación popular y el desarrollo productivo. Por un precio mínimo sostén para las cosechas e insumos básicos y la generación de crédito a tasa reducida para el pequeño y mediano productor. Confiscación de la gran propiedad terrateniente. Integración de los pueblos originarios con reconocimiento a sus derechos en el marco del Estado. Por un salario y condiciones de vida dignos para el peón rural.  

8- Reforma tributaria que elimine el IVA y demás impuestos al consumo popular.

9- Cárcel a los genocidas y represores de ayer y de hoy, sus mentores empresariales y sus cómplices en los poderes del Estado que promovieron, sancionaron, y aplicaron leyes aberrantes e indultos. Libertad a todos los compañeros presos políticos por luchar. Desprocesamiento a todos los luchadores populares, cárcel a los corruptos y responsables de crímenes contra el pueblo. 

10- Solidaridad con Palestina y todos los pueblos y naciones del mundo que enfrentan al imperialismo en defensa de su independencia y bienestar. Por el derecho de los trabajadores y los pueblos a enfrentar a quienes los explotan. 

11- Por un gobierno provisional surgido de los paros, cortes de ruta y las puebladas, asentado en la asamblea de trabajadores -ocupados y desocupados- y el pueblo, único capaz de llevar a la práctica el programa popular, antimonopólico y antiimperialista. 

Además de ejecutar el programa mínimo, el gobierno revolucionario deberá convocar a una asamblea popular constituyente, la cual incorporará en su interior a todas las expresiones políticas revolucionarias, democráticas y antiimperialistas de todas las clases y capas sociales interesadas en liquidar el régimen capitalista dependiente y la opresión imperialista. 

El partido revolucionario de la clase obrera, por su parte, deberá participar activamente de este gobierno provisional. Esta participación debe ser tanto ofensiva como defensiva; es decir tanto desde “arriba” como desde “abajo”. Lo cual supone impulsar desde el gobierno la ejecución efectiva de estos puntos del programa mínimo, y organizar simultáneamente a las amplias masas trabajadoras para tomar en sus manos la defensa de dicho programa. 

En esta etapa democrática el partido debe defender principalmente los intereses de la clase obrera, tanto los inmediatos que se encuentran plasmados en el programa mínimo, como los intereses que hacen a su emancipación como clase explotada. En este marco no debe perderse de vista que el partido revolucionario de la clase obrera a de sostener la independencia de clase, combatiendo de manera consecuente en el plano ideológico político toda ilusión burguesa y pequeña burguesa sobre la conciliación de las clases; que tiene su expresión en las distintas tendencias socialreformistas y nacionalreformistas.

La instauración de este gobierno provisional revolucionario de carácter popular no significa aún la toma completa del poder por la clase obrera, es decir la dictadura revolucionaria del proletariado. Aunque como ha señalado Lenin, la profundización de la revolución democrática debe ser de sumo interés para la clase obrera. En este contexto la clase obrera deberá impulsar la revolución democrática más allá de sus límites. 

La segunda etapa de la revolución democrática popular es la revolución socialista, es decir la liquidación de la propiedad privada y la explotación capitalista. Esto solo será posible mediante la destrucción completa de la maquinaria burocrática militar del Estado y su sustitución por un Estado de nuevo tipo: el Estado de la dictadura revolucionaria del proletariado. Para avanzar hacia la revolución socialista se hace necesario como hemos planteado anteriormente un cambio en la correlación de clases y en la correlación de fuerzas entre las clases. 

Los antecedentes históricos de la Revolución Argentina

Podemos hallar ejemplos históricos de huelgas revolucionarias que tuvieron incluso elementos insurreccionales ya a principios del siglo XX, en las cuales la clase obrera tuvo un papel activo, como por ejemplo las de la semana de enero, o “semana trágica” de 1919, las huelgas de la Patagonia en 1921, y la gran huelga de 1936. 

Una de las experiencias históricas más avanzadas fue el Cordobazo de 1969. Experiencias como el Cordobazo se replicaron en las grandes ciudades de todo el país, como el Rosariazo, el Tucumanazo, el Mendozazo, y el Villazo. En todas estas huelgas revolucionarias la clase obrera reveló su potencialidad para constituirse en la fuerza directriz y principal fuerza motriz de la revolución democrática popular y antiimperialista.  

En todas estas experiencias la clase obrera llevó adelante la ocupación de fábricas, poniéndolas en muchos casos a producir bajo su dirección. Se establecieron a su vez organismos de autodefensa para enfrentar las fuerzas represivas del Estado y se delinearon en las asambleas de fábrica, aunque de manera embrionaria, las primeras formas de doble poder. También aquí debemos incluir los primeros programas que los trabajadores fueron ensayando, entre los cuales se debe destacar el programa del SITRAC-SITRAM; en el cual se plasmó el grado más elevado de conciencia de clase. 

Todo este proceso histórico, que se desarrolló principalmente en la década de los 70, ha provisto de un gran insumo para el partido revolucionario de la clase obrera y de estos se deben extraer los elementos generales que están vigentes aun con las profundas transformaciones que se han dado en el plano económico y político en las últimas décadas del siglo XX.

El golpe de Estado de 1976 y la dictadura impulsada por los monopolios y el imperialismo tuvo como propósito principal terminar con este proceso y con este período de auge revolucionario. 

Durante la época de la dictadura se ingresó en un período de reflujo revolucionario, esto no implicó la liquidación de toda resistencia obrera y popular; pero si significó un duro golpe para la clase obrera. De esta derrota también el partido revolucionario de la clase obrera debe extraer lecciones para el porvenir de la revolución.

En el período alfonsinista se fueron dando las condiciones para los avances pacíficos y graduales. Y en la década del 90, con las grandes rebeliones populares se abrió un proceso pre revolucionario y de acumulación revolucionaria. 

Después de las huelgas de los trabajadores contra las privatizaciones impulsadas por el menemismo, estallaron las grandes rebeliones populares en Chubut y Jujuy donde se lograron derrocar aquellos gobiernos provinciales. Entre todas estas rebeliones populares se destaca la del Santiagueñazo, por el grado de organización y de violencia de masas que adquirió. Al calor de esos procesos se fue templando el movimiento de trabajadores desocupados (movimiento piquetero), que había crecido en número como consecuencia de las privatizaciones. Con la lucha creció también en conciencia y en organización.

Ya con el derrocamiento de Cavallo y de La Rúa con la gran rebelión popular del 2001 se abrió una situación revolucionaria, aunque este proceso tuvo una breve duración. En la actualidad estamos nuevamente en un período de auge de luchas, y esto no solamente se puede advertir en la Argentina, los recientes procesos en Ecuador, Colombia, Chile, Bolivia, Venezuela y Perú confirman el ascenso de la lucha de masas. La resolución revolucionaria de este período de crisis dependerá en buena medida del papel que tenga la clase obrera y su partido de vanguardia. 

Martes, Febrero 14, 2023 - 22:30

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