Editorial - Fortalecer la intervención de los de abajo

Lunes, 20. Septiembre 2021
Editorial - Fortalecer la intervención de los de abajo

El resultado de las PASO hizo que la semana siguiente a la votación se desatara una crisis en el seno del gobierno. La derrota fue tan categórica que obligó al oficialismo a admitir que en este tiempo aplicó una política de ajuste que impactó en los sectores del pueblo más castigados por la pandemia. Pero admitir no quiere decir hacerse cargo, y los pases de factura hicieron pública una interna que escaló hacia una ruptura, contenida en lo inmediato pero sin vuelta atrás.
Lo principal de la pelea entre las fracciones que encabezan Alberto Fernández y Cristina Kirchner, es la ratificación del divorcio con el sector de masas que los castigó en la elección. Si el castigo expresó rechazo al rumbo ajustador y sus secuelas de pobreza, hambre, bajos salarios y falta de trabajo, lo último que le importa a esa franja del pueblo es quién se queda con los ministerios.
En cuanto a la conformación del nuevo gabinete, el dato principal no es quiénes se fueron, sino quién se quedó: la continuidad de Guzmán al frente de Economía es una ratificación de un rumbo cuyo eje es el acuerdo con el FMI. Ello da cuenta de que, por más que haya matices, lo central de la política económica nunca estuvo en discusión. Así las cosas, la pelea por el gabinete no expresó una confrontación de modelos en pugna, sino que fue una rapiña oportunista para quedar mejor parados de cara a lo que se viene.
Luego de una semana de tensiones, el oficialismo logró un acuerdo precario, con reparto para ambos bandos. Las principales designaciones son las de Manzur en la Jefatura de gabinete y de Aníbal Fernández en Seguridad. Manzur representa al peronismo de los gobernadores, en quienes Alberto se apoyó desde el principio de su mandato. Es recordado su paso por la cartera de Salud de Tucumán, en donde truchó los datos de desnutrición infantil. Por su parte Aníbal es una espada de Cristina, célebre por frases como “los piqueteros se mataron entre ellos” durante el gobierno de Duhalde en 2002, o “Julio López está tomando el té” allá por el 2006 siendo funcionario de Kirchner.
Apoyados en operadores políticos con cara de piedra, se pretende llegar a noviembre para tratar de hacer un papel digno en las elecciones generales, pero sobre todo para apurar el acuerdo con el Fondo, que es lo que condiciona el conjunto del plan. Es lo que se está discutiendo en función del proyecto de presupuesto para 2022 que presentó Guzmán. Allí se proyecta un ajuste fiscal de 3% de déficit, luego del 4% que fue para este año. Para alcanzar ese número se plantea reducción de subsidios, es decir, aumento de tarifas. Seguir reduciendo el déficit fiscal en plena crisis es, además de criminal, una ratificación del rumbo de ajuste. La inflación proyectada es de 33%. Recuérdese que la proyección para este año fue de 29% y la realidad marcó casi 50. Además de la carestía de la vida, este tema pone nuevamente en la mira el problema de las paritarias.
En paralelo, el gobierno pretende mejorar su imagen anunciando un nuevo bono de $5.000 a los jubilados y módicos aumentos en planes sociales y en el salario mínimo. La misma receta de repartir monedas que ya quedó probada como insuficiente. Aquí cabe reflexionar que, más que tratar de revertir el resultado de las elecciones, lo que se pretende es transitar en paz el tiempo que queda, alejando la posibilidad de un estallido social. El malestar por abajo crece y se expresó en las elecciones como castigo; ahora trabajan por evitar que la bronca se exprese en una forma superior, tarea que está planteada y debe ser encarada con una enérgica intervención popular.
En este marco, hay que salir a luchar sin rodeos para derrotar el ajuste. La movida del jueves del Frente de Lucha piquetero puso de relieve que la calle sigue siendo el escenario central de esta disputa; además de la justicia del reclamo y la necesidad de soluciones para el sector, las organizaciones de desocupados combativas juegan un rol en impulsar la unidad de los trabajadores. Asimismo, fue importante la iniciativa de la Autoconvocatoria x la suspensión del pago e investigación de la deuda, haciendo blanco en el acuerdo con el FMI. Es un momento para avanzar en la pelea y codo a codo con el debate, discutiendo con los compañeros y organizaciones democráticas y antiimperialistas que no hay chance de encarar un rumbo de soberanía y bienestar popular con el proyecto del actual gobierno. El crecimiento de la confluencia en la lucha es el mejor escenario para que el combativismo crezca en influencia y en capacidad de acción, en vistas de producir un quiebre en la situación y plantear un escenario distinto, en donde se abra paso el proyecto de los de abajo.

Agustín Damaso

Lunes, Septiembre 20, 2021 - 10:15

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