De la lucha contra las suspensiones y despidos al paro activo nacional

Viernes, 18. Julio 2014
Lear

No fue ajeno a la especulación del gobierno nacional que el entusiasmo popular por los avances del seleccionado de fútbol en el mundial, taparan con sus ruidos las complicaciones que vienen de la política.

El procesamiento del presidente Boudou y las disputas con los fondos buitres alimentaron los fuegos artificiales de una derecha en la oposición insípida e igualmente claudicante.

Sin embargo, apenas la resistencia de los trabajadores a suspensiones, despidos y vaciamientos o cierres de empresa irrumpió en las calles, fue suficiente para que se encendieran las luces de alarma del gobierno nacional, la derecha en la oposición, las grandes patronales y del conjunto de la dirigencia sindical que venía haciendo la plancha.

Tatsa y Emfer son dos empresas del grupo Cirigliano, ex concesionario del tren Sarmiento y procesado por su responsabilidad en las muertes de la Estación Once. En la actualidad, en un modus operandi habitual de este grupo empresario, tras la caída de los subsidios y negociados con el Estado, procede a su vaciamiento.

Lear es una multinacional autopartista, ubicada en la zona norte del Gran Buenos Aires, vinculada a la yanqui de Ford. Participa activamente del ‘boom’ de la industria automotriz de la década ‘ganada’, forma parte de las empresas que la levantaron en pala, al decir de Cristina Kirchner.

El lunes 7, los trabajadores de Tatsa-Emfer y el martes 8 los de Lear en defensa de las fuentes de trabajo y contra los despidos y persecuciones gremiales cortaron la avenida General Paz (en Capital) y la Panamericana frente a Ford. Ambos cortes fueron desalojados y reprimidos por las fuerzas policiales y de Gendarmería, al mando del aprendiz de fascista Berni.

Aun así, esta irrupción de la lucha obrera y la respuesta represiva del gobierno en desembozada defensa de las grandes patronales, aceleraron una crisis que dividió a las filas oficialistas – el Cels y dos diputados del FPV rechazaron la represión– y conmovió la pachorra cómplice de la burocracia sindical frente a una recesión económica que se descarga sobre la mayoría de los trabajadores y jubilados.

Como bomberos unos, para subirse a la ola otros, las cúpulas sindicales volvieron a hablar de planes de lucha y paros. Ninguna expectativa deben tener los trabajadores en estas conductas oportunistas.

Las grandes patronales, algunas sobreactuando sus dificultades, aprovechan la situación para deshacerse del activismo combativo.

Sintéticamente, podríamos describir un escenario caracterizado por:

-el giro fondomonetarista del gobierno de Cristina Kirchner, con sus secuelas de ajuste recesivo, inflación y devaluación, aviva la confrontación social

-la resistencia y lucha de los trabajadores (aunque no únicamente) se convirtieron en la principal y verdadera oposición a este curso reaccionario

-junto a ello (y es tal vez su causa), la aparición de un joven y combativo activismo sindical expuso la naturaleza y miserias de las cúpulas sindicales propatronales, su división y la apertura de una brecha por donde debe avanzar el sindicalismo combativo y antiburocrático

-estas luchas no se limitan a la provincia de Buenos Aires, recorren el país

-y por último, este escenario empuja a la agudización de la confrontación; las clases sociales toman sus recaudos, los de abajo y también los de arriba.

En este cuadro, si bien la intervención coordinada del Encuentro Sindical Combativo de Atlanta no fue la regla, las fuerzas sindicales y políticas que lo integran, participaron activa y solidariamente con los trabajadores de Tatsa-Emfer y Lear y, también, lo hacen en el resto del país

Finalmente, hay que avanzar hacia el paro activo y piquetero, en la certeza que el camino de la lucha y la rebelión obreras determina la conducta y mueve a las fuerzas sociales vacilantes u oportunistas. No por reclamarles el paro a las cúpulas de las CGT-CTA o convocándolas a la unidad de acción modificaran sus actitudes. Hay que hacerles sentir el calor de la lucha en sus pies.

La responsabilidad del activismo sindical combativo, la izquierda y los que luchan es clave en los preparativos del paro activo y de movilización del conjunto de los trabajadores detrás de un plan de lucha que enfrente las suspensiones y despidos, por salario y el 82% a los jubilados, por educación y salud, por el no pago de la deuda externa fraudulenta, contra la persecución y represión a los luchadores, entre otros.

R. Jufré

Viernes, Julio 18, 2014 - 14:30

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